De cómo el gober precioso se organiza una marcha preciosa
“¡Con Kamel y Marín
el PRI llegó a su fin!”
Una mentada de madre generalizada se escucha en el zócalo de la ciudad: “¡Televisa y La Jornada se van a la chingada!” Un orador desconocido de nombre Arturo Mendoza llama desde un micrófono a apagar el televisor y a no leer periódicos. Un centenar de campesinos le aplauden. (Flash back: Escena de una película en blanco y negro. Hay quema de libros en alguna plaza pública de algún país del Eje).
La marcha lleva casi tres horas. La gente no sabe por qué está ahí, pero está. Funcionarios de Sedurbecop, Finanzas, Comunicaciones y Transportes y SEP. Campesinos de la Liga de Comunidades Agrarias. Una columna de ancianos, hombres, mujeres y niños, puro cenopista. Trabajadores del sindicato de burócratas y del sindicato del ayuntamiento de Puebla. Trabajadores del Colegio de Bachilleres. Todos llevan pancartas, mantas con frases de apoyo. Gorras, camisetas con el nombre de Mario Marín. (Flash back a un documental sobre Cuba. Miles de cubanos salen a las calles para defender al dictador Fidel Castro).
Camiones de los llamados materialistas recorren la avenida Reforma hasta llegar a la Juan de Palafox y Mendoza. Tocan sus cláxones escandalosos. Son miles de personas que marchan. (Flash back a un programa de la serie México Siglo XX de Krauze: Una marcha del Primero de Mayo de los años sesenta con Fidel Velásquez. Toda la estructura sale a las calles a manifestarse a favor del buen gobierno).
Aquí se parodia el fin del mundo. Es la parodia del Holocausto poblano. Es un acto precioso organizado por el gober precioso. Mientras eso ocurre, un personaje de apellido Marín está en el Palacio Municipal. No es el intervenido gobernator, es su homónimo. Él observa todo desde ahí. No dice nada. Sólo observa cómo se opera la marcha.
Las consignas son: “¡No somos uno ni somos cien, prensa vendida cuéntanos bien!” “¡Apoyo total al gobierno estatal!” “¡Mi gober precioso saldrás victorioso!” Desde otro lado. Unos burócratas se atacan de la risa. Algunos voltean a verlos y ellos, en su papel de marchistas, gritan: “¡Con Kamel y Marín, el PRI llegó a su fin!”
Se reparten volantes donde aparece dibujada una botella de tequila y otra de coñac, además una leyenda: “Toma tequila porque el coñac da dolores de cabeza”.
Otros llevan caricaturas del gober: vestido de Benito Juárez, con Kamel Nacif, llamando por teléfono, Roberto Madrazo sangrando de la nariz con la etiqueta “Mole Poblano”.
Aparece Alejandro “El Negro” del Castillo. Alguien le dice que es acarreado. Ese alguien lo mira con un dejo de lástima, como con pena ajena. Alejandro, como siempre, toma su nextel y se acusa con el mismo de siempre: “Van a poner que soy acarreado”. (Flash back a un programa de los polivoces: aparece Gordolfo Gelatino cantando: “Soy tan hermoso ya lo sé, soy tan precioso miren bien, soy primoroso soy Gordolfo Gelatino. ¡Ahí madre!)
Roberto Marín anda por ahí. La organización de red de mujeres que conduce Julieta, hermana de Mario Marín Torres, también. Para no variar, no le echan la porra a alguien específico sino a su organización: “¡Red de mujeres, red, red!”
Así está el zócalo.
*****
Todo inicia en el Paseo Bravo con la repartición de cemitas, refrescos y una camiseta blanca con la leyenda “Yo sí creo en Mario Marín”.
Un personaje similar a don Perpetuo del Rosal se coloca las gafas oscuras y se alisa la barba canosa. Va vestido como vaquero de Palmarito Tochapan. Rosita, la sempiterna gorda de La Resurrección, ya está lista y es como la abanderada.
Son las cuatro de la tarde y ahí Julián Haddad se justifica: “Vengo a apoyar a mi amigo”.
—¿Y no era tu amigo Kamel Nacif? —se le pregunta.
—No, no, para nada. Lo vi como dos veces. No, no.
René Sánchez Juárez, Leonardo Contreras Cisneros, Antonio Hernández y Genis, todos, tomados de los brazos para encabezar la marcha de la burocracia. En radio Acir, en el corte del Radar de esa hora, para ser exactos, el buzón de voz está lleno de denuncias de coacción a los trabajadores de las dependencias para ir a marchar. “Están obligando a los transportistas”, se escucha la denuncia de una señora desesperada vía telefónica.
Se dice que fueron obligados. Llega a los oídos que hasta estudiantes de la UAP son llevados por el director de la Facultad de Derecho, Guillermo Nares y “un tal licenciado Oropeza”. Pero los estudiantes, en un buen número, se rebelan a las órdenes mayores.
Nomás no llegan.
Sólo los priistas.
Un periodista camina por ahí con unos audífonos. Se le acerca una mujer joven de mediana estatura. Él, desconcertado, la ve. No le dice nada. Ella vuelve a pasar por ahí. El periodista piensa que ha de ser de los orejas de Gobernación que mandaron para el control de las masas. Ella se acerca y dubitativa le dice: “Sí nos obligaron en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT). Juan de Dios Bravo —subsecretario de la dependencia— está en el Royalty. Él va a revisar que los concesionarios asistan”.
Cada contingente tiene un líder que pasa lista a eso de las tres y media.
La marcha arranca. Una cartulina dice: “Cemitas América con Marín”
—¿Las de pata o las de quesillo?
Y las consignas a todo volumen:
—¿A los panistas qué les vamos a dar?
La respuesta del contingente: “¡Leche y camote!”
—¿Y los periodistas?
—¡Que se sienten a escribir!
La gran columna llega al zócalo y la gente se empieza a ir en la típica actitud del “me vale madres”.
“Empezamos 20 mil, pero llegamos dos mil”, dice un acarreado.
Y es que una vez que llegan al zócalo desaparecen. El éxodo es inmediato.
Nadie habla de Kamel Nacif conocido ahora por Jaime Avilés en La Jornada como “El Rey de las niñitas”.
La marcha es contra la prensa.
******
Dos horas antes del arranque las oficinas de Gobierno se cierran, las del ayuntamiento también. El director de Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación está coordinando el operativo. Él, al igual que muchos, es muy leal a Javier López Zavala, quien junto con Alejandro Armenta Mier organizó la marcha burócrata para defender al jefe Mario Marín Torres.
En pocas palabras: El Gobierno defiende al Gobierno desde el Gobierno.
Ah, qué bonito Gobierno el del licenciado Marín, “¡Mi héroe papá!”.
******
“No nos vamos a dejar”, es el primer grito al llegar al zócalo.
Desde un templete una bola de desconocidos dirigen la marcha: “¡Esta, ésta señores, es la marcha de la vergüenza!”
Los asistentes voltean a verlo incrédulos.
El animador con el micrófono corrige: “De la vergüenza que nos da Televisa y la forma en la que se está acusando al amigo del pueblo, al licenciado Mario Marín Torres”.
Al oír eso alguien piensa en voz alta: “¡Hasta Polo de Lara lo hubiera hecho mejor!”
“Marín-seguro a Televisa dale duro”.
Una cartulina con la consigna: “Puebla, la lavadora de patas de Fox”.
“Lo que sea de cada quien —recapacita un priista—, le salió bien a López Zavala el operativo. Mediáticamente nos los vamos a coger”.
Otra pancarta más: “El pueblo es más que Televisa”.
Y una que, para algunas mujeres, es ofensiva: “Lydia Cacho, quiere macho”.
Un grupo de mujeres corre a bajar esa cartulina. “¡Compañero, qué no se da cuenta que acusan al licenciado Marín de misógino, no sea pendejo!”, le dice la mujer al tipo moreno, con estilo de chofer de la línea de microbuses Los Galgos del Sur.
Presentan en el templete al alcalde panista de Palmar de Bravo, José Espino.
“Es el único inteligente”, grita alguien.
Él, panista, orgulloso, silvestre, apoya a Mario Marín y lee en voz alta un desplegado que salió publicado en varios diarios nacionales y locales firmado por 177 presidentes municipales. “Perdón, pero nos llamaron ya muy noche para firmarlo por eso no estamos los 217”.
“¿Los llamaron?, ¿quiénes?”
Luego sube una líder de padres de Familia, una mujer llamada Mónica García. Ella, feliz, defiende al gober precioso. Acusa, también, a Televisa.
Más tarde otro desconocido:
—Les pido un saludo para López Dóriga y para Carlos Loret de Mola.
—Fiu, fiu, fiu, fiu, fiuu —sonaron Las trompetas de Jericó como mentadas de madre.
—A ver otra vez: ¡Televisa, Puebla te saluda!
—Fiu, fiu, fiu, fiu, fiuu —los muros de Sodoma y Gomorra caen por los ángeles justicieros.
—¡Los gobernantes no deben arrodillarse ante una prensa corrupta! —dice el desconocido en el micrófono.
—Es a mua — responde un reportero al oír la alusión.
—Ahí veo una pancarta que dice que más jala un par de tetas que un par de carretas. El pueblo es sabio.
—No somos uno, no somos diez, prensa vendida cuéntanos bien.
—A partir de hoy, compañeros, ya no lean los periódicos ni prendan la televisión. Ya no vean la televisión.
—¿Ni si quiera las telenovelas? —responde un acarreado.
—Mi gobernador fue calumniado por el ticher y Loret de Mola —culmina el desconocido en el micrófono.
—Abajo la prensa vendida y corrupta —fue la respuesta.
Y en ese justo momento todo se detiene.
Todo es en cámara lenta.
Es algo bizarro.
“La prensa es corrupta porque el Gobierno la compra”, cualquiera eso que escucha, lo piensa.
Y se ve a las masas marchando.
El pueblo es sabio.
Miles de personas pasan lista por el miedo que las corran.
El pueblo es sabio.
Reparten tortas y refrescos.
El pueblo es sabio.
“Mi gober precioso estamos contigo”
El pueblo es sabio.
“Televisa y La Jornada se van a la chingada.”
El pueblo es sabio.
Se sigue llamando a no leer los periódicos ni a ver los noticiarios.
El pueblo es sabio.
En otro lado unos ancianos no saben a qué vienen. Son de Libres. La señora de mayor edad lleva en su mano el pequeño lunch que le dieron al bajarse del camión.
Ella no sabe por qué está ahí: “Me trajeron. Me dijeron unos señores del DIF que viniéramos a Puebla porque íbamos a ver las cosas grandes que ha hecho el gobernador”.
No cabe duda, el pueblo es sabio.
****
Al otro día. Los medios nacionales revelan que fueron presionados los trabajadores para asistir.
Un periódico local es el único que no sabe qué realidad se vive en Puebla: “Encara Marín a los diputaos federales”.
Colonos durante una gira de Marín con gritos y a punto de iniciar los empujones atacan a reporteros. Marín no hace nada.
“Madrazo se deslinda de Marín”, dice en su edición vespertina el universal on line.
La prensa nacional sigue criticando
Lunes. Funcionarios de gobierno: Alejandro Armenta Mier, Gerardo Pérez Salazar, Rómulo Arredondo, El cadenero Chiva —osea Javier García Ramírez—, entre otros, dicen que no se obligó a nadie. Y que si hay pruebas de ello que lo denuncien con nombres y apellidos, que no sean anónimos.
La marcha de la vergüenza, como dijeron los propios empleados de Marín, culmina así.
lunes, febrero 20, 2006
lunes, febrero 13, 2006
Me kaga usar la ka
Manifiesto:
Estoy harto de leer textos con ka. Me da la idea ke es una manera de güevonear. Me parece ke la letra ka está mal usada en los mensajes de celular y en los blogs (bloks). De pronto, parecería ke algunos kisieran demostar estar in al usar la ká hasta para kagar.
Me kaga.
Me imagino un pinche ruso pelón kon uniforme stalinista hablando cuando leo kas por todos lados.
La pobre ká es mal usada por flojera.
Nomás.
Kanijo mundo konvenenciero.
Hace tiempo era desagradable escuchar los "wey" entre un par de mujeres pedas que intentaban demostrar un alo de rebeldía.
Es lo mismo ke pasa kon la ka.
Y kómo me kaga la ka.
Es tan grave komo kuando escucha uno en la tele: "Está kañón" que en su origen es "Está kabrón".
O un no manches: significa "No mames".
O es ke es del nabo: El nabo es el pito, pispiote, cíklope, tuerto, la de sin hueso, Kara de haba, Karabina, verga, pesKuezona, mazaKuata, Kulebrón, etc, etc.
Te pasas de veras: Es lo mismo ke lo anterior nada más ke con el kuerpo de John Holmes (aktor porno de los 70 y 80 ke murió de SIDA, pero ke su pene era enorme, komo referencia ver la pelíkula Boogy Nights).
Y no es ke me moleste usar las mal llamadas malas palabras o groserías. No, me kai ke no. Es ke enkabrona ke no se sepa el origen de ellas y se kiera aparentar una moda.
Ni hablar.
Pobre Ká.
Es lo mismo con la ka
karajo
pobre ka, hasta dónde la han llevado.
Estoy harto de leer textos con ka. Me da la idea ke es una manera de güevonear. Me parece ke la letra ka está mal usada en los mensajes de celular y en los blogs (bloks). De pronto, parecería ke algunos kisieran demostar estar in al usar la ká hasta para kagar.
Me kaga.
Me imagino un pinche ruso pelón kon uniforme stalinista hablando cuando leo kas por todos lados.
La pobre ká es mal usada por flojera.
Nomás.
Kanijo mundo konvenenciero.
Hace tiempo era desagradable escuchar los "wey" entre un par de mujeres pedas que intentaban demostrar un alo de rebeldía.
Es lo mismo ke pasa kon la ka.
Y kómo me kaga la ka.
Es tan grave komo kuando escucha uno en la tele: "Está kañón" que en su origen es "Está kabrón".
O un no manches: significa "No mames".
O es ke es del nabo: El nabo es el pito, pispiote, cíklope, tuerto, la de sin hueso, Kara de haba, Karabina, verga, pesKuezona, mazaKuata, Kulebrón, etc, etc.
Te pasas de veras: Es lo mismo ke lo anterior nada más ke con el kuerpo de John Holmes (aktor porno de los 70 y 80 ke murió de SIDA, pero ke su pene era enorme, komo referencia ver la pelíkula Boogy Nights).
Y no es ke me moleste usar las mal llamadas malas palabras o groserías. No, me kai ke no. Es ke enkabrona ke no se sepa el origen de ellas y se kiera aparentar una moda.
Ni hablar.
Pobre Ká.
Es lo mismo con la ka
karajo
pobre ka, hasta dónde la han llevado.
domingo, febrero 12, 2006
Apuntes para un honoris causa
Ignoramus la causa
Fernando Canales se convirtió en el símil del “Nico” de Andrés Manuel López Obrador: fue el chofer, el body guard, el coordinador de la logística, el encargado del pañuelo, el portalápices, el palero y el porrista. En pocas palabras, lo que es “Nico” para el “Peje”, Canales lo fue para Joan Manuel Serrat.
Desde la noche del domingo -30 de enero- que Serrat se hospedó en el Crowne Plaza y que fue recibido por el rector Enrique Agüera, Canales apareció ahí junto con su esposa para el recibimiento. Universitarios comentaron, en tono de sorna, que Canales tuvo la puntada de probar los colchones, probar que el champú del baño no le generara el famoso freeze a su ya escaso cabello y que las botellas de agua contaran con el sello de seguridad.
Serrat desde ayer no sólo se convirtió en el doctor Honoris causa por la universidad más importante en el estado y en el poblano distinguido según lo acordó el Cabildo de la ciudad, se convirtió en el empleador del locutor metido a periodista.
Fue el regidor panista Jorge Cruz Lepe, quien arrancó la ola de elogios al músico catalán y con el tan sonado: “Es una enorme emoción el…” vino una cascada de alabanzas a aquel que ayer llamaron poeta por tan sólo musicalizar los versos de Antonio Machado.
Cruz Lepe dijo (favor de leer como infante ñoño en ceremonia oficial de los lunes): “Al nano, al cantautor, al que ha luchado contra los estados totalitarios. A ése con quien sueña mi hija. A ése con quien sueña mi sobrina y mi esposa.”
Hay que decir que aún con referencia a la canción “Señora”, los discursos fueron todo menos emoción. Fernando Canales, por ejemplo, citó más de diez veces la palabra rebeldía, ello al hacer una breve semblanza de lo que ha sido la ciudad de Puebla.
“¿Rebeldía?”, se preguntaron varios asistentes a la entrega de la copia de la Cédula Real.
Nacho Mier, sentado junto a Enrique Doger, de forma extraña reía mientras Canales hablaba de la rebeldía y a manera de lugar común usaba párrafos de las canciones: “Esos locos bajitos que se incorporan (…) Mediterráneo (…) La Fiesta (…) No lo sé de cierto pero lo supongo (éste no de Serrat, pero sí de Sabines)”.
En ese orden, Canales le dijo a Serrat que prácticamente era poblano por adopción: “Víctor Hugo le escribió a los poblanos de entonces, a los poblanos de hoy, y desde hoy, a ti también”.
Justo al concluir su discurso apareció en una de las puertas del Cabildo Rigoberto Benítez, y él fue testigo de cómo Canales se acercaba a Serrat. Lo abrazaba como un hijo a su padre. Serrat, quien vestía de negro, le llevaba la cabecita de Fernando hacia su pecho y el otro retozaba y sonreía al abrazar a su ídolo.
En esta ocasión, hay que decirlo, Canales se cortó el cabello y no intentó emular al catalán como en otras ocasiones.
De ahí vino Carlos Meza Viveros para concluir con Enrique Doger. Al hablar Serrat refirió a que cuando llegó a Puebla se encontró con que los carteles de su concierto decían “Serrat, adiós a Puebla”.
—Yo ezpero que ezte nombramiento de Poblano no zea una dezpedida, como luego ze acoztumbra —dijo el compositor.
La sesión solemne de Cabildo culminó entre aplausos. Canales fue el primero en salir e ir por su camioneta Jeep color gris y esperar con la puerta abierta al catalán.
Serrat salió del Palacio de Charlie Hall, subió a la camioneta, en donde Canales lo esperaba con la puerta abierta.
Al llegar al edificio Carolino —dos calles más abajo—, Canales entró al edificio Carolino abriéndole paso al cantante.
Dio una rápida inspección del lugar. Rigoberto Benítez, al contrario, fue más tranquilo, no hizo aspavientos.
Al Salón Barroco llegó la esposa del gobernador Margarita García de Marín, el secretario de Educación Pública, Darío Carmona, y el titular de Desarrollo Económico, Gerardo Fernández, así como el vocero del gobierno estatal, Valentín Meneses.
En la sesión del Consejo Universitario, los consejeros fueron mandados a la parte de atrás.
En las primeras filas, por su puesto, se colocó un área VIP (Vi-ay-pi) con unas bandas para evitar que la perrusqui se mezcle con la crema y nata. Ahí estuvieron los directores de las facultades.
Y a las doce con quince minutos Serrat arribó al Salón Barroco acompañado del rector Enrique Agüera. Ambos sostuvieron una breve charla en la Rectoría.
Juntos entraron en medio de empujones de consejeros universitarios que llevaban en lo alto sus celulares con cámaras digitales.
Serrat fue nombrado doctor Honoris causa y le fue colocada una medalla la cual besó, mostró por un espacio de 15 minutos en su pecho y luego la guardó en su estuche de piel.
Para todos sus exégetas, Serrat no era del periodismo del corazón, no obstante, sus discursos emulaban eso y un poco más.
Serrat se convirtió en doctor por la UAP y en poblano distinguido, en medio de esos locos bajitos que se incorporan —para tratar de estar ad hoc con la exégesis—.
Serrat se subió a la camioneta de Canales a eso de la una de la tarde. Al salir del edifico, varios universitarios lo perseguían con sus celulares en la mano gritándole: “¡Serrat, Serrat!” Margarita García de Marín y Enrique Agüera acompañaron al cantante hasta las puertas del Carolino. Atrás un grupo de jóvenes los seguían.
Pero el ídolo de las juventudes sesenteras salió rápidamente casi sin voltear a ver a sus seguidores.
En el primer patio del Carolino se repartieron vino y canapés. Mientras que en el área de prensa, sándwiches y cocacolas, con música del catalán a todo volumen.
El pequeño ambigú fue muy modesto. No hubo la gran comilona acostumbrada, ya que hasta una maestra comía sus churrumaís con limón para acompañar una copa de vino blanco.
El festejo del nuevo doctorado fue exclusivo para universitarios sin el festejado.
Era una fiesta sin payaso.
Y así se quedaron los universitarios.
Fernando Canales se convirtió en el símil del “Nico” de Andrés Manuel López Obrador: fue el chofer, el body guard, el coordinador de la logística, el encargado del pañuelo, el portalápices, el palero y el porrista. En pocas palabras, lo que es “Nico” para el “Peje”, Canales lo fue para Joan Manuel Serrat.
Desde la noche del domingo -30 de enero- que Serrat se hospedó en el Crowne Plaza y que fue recibido por el rector Enrique Agüera, Canales apareció ahí junto con su esposa para el recibimiento. Universitarios comentaron, en tono de sorna, que Canales tuvo la puntada de probar los colchones, probar que el champú del baño no le generara el famoso freeze a su ya escaso cabello y que las botellas de agua contaran con el sello de seguridad.
Serrat desde ayer no sólo se convirtió en el doctor Honoris causa por la universidad más importante en el estado y en el poblano distinguido según lo acordó el Cabildo de la ciudad, se convirtió en el empleador del locutor metido a periodista.
Fue el regidor panista Jorge Cruz Lepe, quien arrancó la ola de elogios al músico catalán y con el tan sonado: “Es una enorme emoción el…” vino una cascada de alabanzas a aquel que ayer llamaron poeta por tan sólo musicalizar los versos de Antonio Machado.
Cruz Lepe dijo (favor de leer como infante ñoño en ceremonia oficial de los lunes): “Al nano, al cantautor, al que ha luchado contra los estados totalitarios. A ése con quien sueña mi hija. A ése con quien sueña mi sobrina y mi esposa.”
Hay que decir que aún con referencia a la canción “Señora”, los discursos fueron todo menos emoción. Fernando Canales, por ejemplo, citó más de diez veces la palabra rebeldía, ello al hacer una breve semblanza de lo que ha sido la ciudad de Puebla.
“¿Rebeldía?”, se preguntaron varios asistentes a la entrega de la copia de la Cédula Real.
Nacho Mier, sentado junto a Enrique Doger, de forma extraña reía mientras Canales hablaba de la rebeldía y a manera de lugar común usaba párrafos de las canciones: “Esos locos bajitos que se incorporan (…) Mediterráneo (…) La Fiesta (…) No lo sé de cierto pero lo supongo (éste no de Serrat, pero sí de Sabines)”.
En ese orden, Canales le dijo a Serrat que prácticamente era poblano por adopción: “Víctor Hugo le escribió a los poblanos de entonces, a los poblanos de hoy, y desde hoy, a ti también”.
Justo al concluir su discurso apareció en una de las puertas del Cabildo Rigoberto Benítez, y él fue testigo de cómo Canales se acercaba a Serrat. Lo abrazaba como un hijo a su padre. Serrat, quien vestía de negro, le llevaba la cabecita de Fernando hacia su pecho y el otro retozaba y sonreía al abrazar a su ídolo.
En esta ocasión, hay que decirlo, Canales se cortó el cabello y no intentó emular al catalán como en otras ocasiones.
De ahí vino Carlos Meza Viveros para concluir con Enrique Doger. Al hablar Serrat refirió a que cuando llegó a Puebla se encontró con que los carteles de su concierto decían “Serrat, adiós a Puebla”.
—Yo ezpero que ezte nombramiento de Poblano no zea una dezpedida, como luego ze acoztumbra —dijo el compositor.
La sesión solemne de Cabildo culminó entre aplausos. Canales fue el primero en salir e ir por su camioneta Jeep color gris y esperar con la puerta abierta al catalán.
Serrat salió del Palacio de Charlie Hall, subió a la camioneta, en donde Canales lo esperaba con la puerta abierta.
Al llegar al edificio Carolino —dos calles más abajo—, Canales entró al edificio Carolino abriéndole paso al cantante.
Dio una rápida inspección del lugar. Rigoberto Benítez, al contrario, fue más tranquilo, no hizo aspavientos.
Al Salón Barroco llegó la esposa del gobernador Margarita García de Marín, el secretario de Educación Pública, Darío Carmona, y el titular de Desarrollo Económico, Gerardo Fernández, así como el vocero del gobierno estatal, Valentín Meneses.
En la sesión del Consejo Universitario, los consejeros fueron mandados a la parte de atrás.
En las primeras filas, por su puesto, se colocó un área VIP (Vi-ay-pi) con unas bandas para evitar que la perrusqui se mezcle con la crema y nata. Ahí estuvieron los directores de las facultades.
Y a las doce con quince minutos Serrat arribó al Salón Barroco acompañado del rector Enrique Agüera. Ambos sostuvieron una breve charla en la Rectoría.
Juntos entraron en medio de empujones de consejeros universitarios que llevaban en lo alto sus celulares con cámaras digitales.
Serrat fue nombrado doctor Honoris causa y le fue colocada una medalla la cual besó, mostró por un espacio de 15 minutos en su pecho y luego la guardó en su estuche de piel.
Para todos sus exégetas, Serrat no era del periodismo del corazón, no obstante, sus discursos emulaban eso y un poco más.
Serrat se convirtió en doctor por la UAP y en poblano distinguido, en medio de esos locos bajitos que se incorporan —para tratar de estar ad hoc con la exégesis—.
Serrat se subió a la camioneta de Canales a eso de la una de la tarde. Al salir del edifico, varios universitarios lo perseguían con sus celulares en la mano gritándole: “¡Serrat, Serrat!” Margarita García de Marín y Enrique Agüera acompañaron al cantante hasta las puertas del Carolino. Atrás un grupo de jóvenes los seguían.
Pero el ídolo de las juventudes sesenteras salió rápidamente casi sin voltear a ver a sus seguidores.
En el primer patio del Carolino se repartieron vino y canapés. Mientras que en el área de prensa, sándwiches y cocacolas, con música del catalán a todo volumen.
El pequeño ambigú fue muy modesto. No hubo la gran comilona acostumbrada, ya que hasta una maestra comía sus churrumaís con limón para acompañar una copa de vino blanco.
El festejo del nuevo doctorado fue exclusivo para universitarios sin el festejado.
Era una fiesta sin payaso.
Y así se quedaron los universitarios.
domingo, diciembre 04, 2005
lunes, noviembre 28, 2005
Por los viejos cuates
miércoles, noviembre 09, 2005
Algo sobre el cura pederasta
Ahora que se ha destapado la cloaca del cura pederasta poblano y que resultó ser amigo del párroco de la iglesia de Santa Clara Huitziltepec, un pueblito ahí por la mixteca poblana, un tal Gilberto Nájera. Recordé una de esas viejas historias de reportero que a cualquiera le pasan y que dada su importancia para mi, retomaré en este post:
Uno
Era septiembre de 1999, Arturo Luna era mi jefe de información en el periódico El Universal de Puebla. El 14 de septiembre, para ser exactos, mi jefe se acercó a mi y me dijo: "Oye cabrón, ¿en qué municipio las cosas están de la chingada?".
Inocente de mi, se me ocurrió darle una lista de varios municipios con problemas post electorales. Arrancaba la administración de Melquiades Morales Flores.
-¿Y cuál de veras está cabrón? -me insistió Luna, con un tono de curiosidad.
-Ah, mi querido Arturo. Yo creo que Santa Clara Huitziltepec. Los perredistas apenas golpearon a un grupo de policías que intentaron liberar la presidencia muncipal que estaba cerrada con piedras y palos. De esa golpiza, a dos tiras los mandaron al hospital.
-¿No mames?
-Me cai.
Arturo me vio tranquilamente y con su particular parsimonia me dijo: "Bueno, mi querido Zeus, pues te vas para allá. Quiero que cubras el grito en Huitziltepec". Yo me lo quedé viendo y le sonreí. Pensé: "Chinga tu madre. Ajá y acá está tu pendejo".
Arturo remató: "Te vas con el fotógrafo Ulises Ruiz."
"Me carga la chingada. Y para colmo me mandan con El Negro", volví a pensar.
Entre Ulises y yo pedimos la camioneta Hichi van que la empresa usaba para repartir el diario, pedimos viáticos y nos quedamos de ver el 15 de septiembre (día en el que descansan los reporteros, el 16 no hay periódicos) a las cuatro de la tarde en la redacción de El Universal.
Dos.
Total que el 15 a las cuatro de la tarde que nos dan el dinero, que nos dan las llaves de la Hichi van. Y Ulises me sugiere que nos compremos un paquete de pan bimbo, unos chiles La Morena, jamón, mayonesa, queso y dos cocacolas familiares para cenar algo.
Prendí la camioneta, ya cuando iba por el bulevar 5 de mayo que se le ocurre a esa madre (Hichi van) pararse. Así nomás, por sus purititos huevos (por no decir bujías) y a la de mil y con dos golpes técnicos y un empujón arrancó.
Llegamos a la Comercial Mexicana que está en la 5 Sur y compramos los víveres. En eso que le digo a Ulises: "¿Sabes qué cabrón?, esta madre si no le frenas no se apaga. ¿Cómo ves si nos lanzamos al pinche pueblo ese así, con el acelerador al fondo?, de huevos, a ver qué pasa".
-Pos vas -respondió lacónico.
-Pos voy.
Y que le meto el acelerador de Puebla hasta Santa Clara Huitziltepec, casi sin enfrenar, seguidito.
Qué rápido y furioso ni que la chingada. El pinche Zeus y el pinche Ulises que vamos hechos la chingada a un pinche pueblo que se ubica a unos kilómetros de Tepexi de Rodríguez.
Tres.
Llegamos al pueblo como a eso de las seis treinta de la tarde.
-Ulises, quédate aquí. Estás tan pinche feo que si te ven, te van a madrear por ponerle en la madre a este pueblo tan pintoresco.
-Vete al carajo. -Bueno, pero me esperas. Voy al carajo, regreso y les pido permiso a los perredistas para que sepan que venimos en son de paz.
-Sale
-No te comas los sandwiches.
-Chinga tu madre -
Bueno, pero no te los comas.
-Ok.
Para no hacer el relato cansado, fui y hablé con los inconformes. Para esto, yo mentaba madres, porque traía una movidita con una reportera de TV Azteca, de la cual me reservo el nombre porque ante todo soy un caballero y por ahí anda dando lata (ya no en TV azteca).
Por lo tanto, a mi me había invitado la changuita aquella a su noche mexicana y, por cierto, Ulises traía también su movida con otra muchachona. (como paréntesis, Ulises y este su relator habíamos acordado que una vez que pudieramos nos largáramos a ver a nuestras respectivas prospectas).
Entonces, que me les acerco a los perredistas y que saco las credenciales, y que me dicen que a toda madre y que me quedara, que había fiesta. "
-¿Y el presidente municipal, si está tomada la presidencia, quién va a dar el grito? -pregunté.
-Ese pinche Ardelio (el alcalde priista) no lo queremos aquí. Que dé el grito en su casa allá en su rancho.
-¿Y quién va a dar el grito? -insistí.
-Pos el cura
-¿Quién?
-Pos Gilberto Nájera, el padrecito del pueblo. (Ojo, aquí yo por dentro me sorprendí, porque el hecho era algo histórico. Miguel Hidalgo había renacido de la noche a la mañana).
La cosa es que yo intenté no mostrar la emoción que me generaba esa revelación y preferí quedarme calladito.
-Ah, claro, el cura.
-Sí, aquí lo queremos mucho.
-Es como su líder.
-Es nuestro líder moral, él es el que nos ordenó tomar la presidencia.
-Claro, es una buena obra -dije yo como si fuera algo normal.
Cuatro
Salí caminando rápidamente rumbo a la Hichi van. El Negro se había encerrado y ya se había cenado dos sandwiches. Eran como las siete de la noche para ese momento.
-Nos quedamos, Negro.
El cura va a dar el grito. Ya chingamos, nos llevamos la de ocho.
Cinco.
"Toc, toc, toc, toc"
-Ora pinche negro.
"Toc, toc, toc, toc"
-Ya cabrón, deja dormir un rato.
-Yo qué.
-Ay cabrón. Es afuera. Vas pinche Ulises, yo ya me los chamaquié.
-Te toca, a ti te conocen. Además yo estoy tan feo que voy a dañar la imagen del pueblo tan colorido.
Seis
-Buenas noches, qué pasó.
-Oiga, joven. Mire es que nosotros celebramos a la reina de la Independencia. Y como ustedes son periodistas quisieramos ver que si es posible, ¿verdad? que si nos hacen el favor de ser los padrinos de la muchacha.
-...
-Ándeles, no se hagan. Y aquí su fotógrafo que nos haga unas fotos.
-...
-Sale, gracias.
Y ahí ves a este su relator con la reina de la Independencia, vestida como quinceañera, una muchacha morena, con braquets, que tenía un barro más grande que su nariz. De ahí en fuera pues no estaba tan mal la oriunda de Santa Clara. "
Que me sientan en el toldo de una camioneta de redilas junto a ella y ahí los dos. Yo como el Momo, ese rey feo y ella con su sonrisa metálica.
Total que recorrimos el pueblo.
Ulises se justificó como fotógrafo por qué no podía estar con la reina.
Y el güey tome y tome fotos y riendose de este su amigo.
Llegamos al zócalo.
Nos tomaron otra foto y ora sí el momento de la verdad:
El cura Gilberto Nájera, un señor de no más de 70 años, con el cabello canoso apareció en la escena. Llevaba su sotana y toda la cosa.
Inició la misa.
El cura en la homilia habló mal de Ernesto Zedillo, de Melquiades Morales, habló bien del EZLN, mal del PRI, en fin, llamó a tomar las armas.
Tras culminar la misa. Se quitó la sotana, se colocó un sueter gris, tomó la bandera de México y: "¡Mexicanos, viva México!" Se aventó la letanía.
Concluyó el grito.
Pasaron los bailables, los recitales de los niños.
La fonomímica de Jeans, o un grupo así.
Y el cura se despidió.
Era mi momento, ténía que entrevistarlo.
Él caminaba sólo por la plancha del zócalo y de pronto me le acerco.
-Padre, padre.
Dos tipos gordos que medían algo así como 1.80 metros se me pusieron enfrente y me impedían el paso.
Ulises se escondió con su cámara tras unos arbustos.
-¿A dónde crees que vas?
-A platicar con el padre.
El cura se volteó y me preguntó qué quería.
Tras explicarle quién era y bla, bla, bla. El cura aceptó la entrevista. Saqué mi grabadora. Los gorilas me la tumbaron de un manotazo. "Nada de grabadoras". Saqué mi pluma y mi libreta de taquigrafía. Los gorilas me la hicieron a un lado. Entonces, yo me dije: "Ni pedo, mi Zeus, a la buena memoria".
La entrevista sirvió para confirmar que el cura había azuzado a los pobladores para tomar la presidencia municipal y sacar del pueblo al alcalde priista. Sirvió para denunciar al entonces gobernador Melquiades Morales, en fin.
Al concluir, el padre, quien hablaba coomo un papá conciliador dijo: "Hijitos, míos, vayan al baile, tómense unos tequiltas"
-Sabe qué padre es que ya nos tenemos que ir.
-No, no, no. Ustedes se quedan. Muchachos, acompañen a los señores a la fiesta.
Y los gorilas, como guaruras de la judicial nos llevaron a Ulises y a mi al baile (literal).
Siete
Ya habíamos bailado con la reina. Ya habíamos brindado con los pobladores. Y ya era como las doce y media. Nos escapamos. Nos subimos a la camioneta como de rayo pensando que cada quien agarraría a su respectiva chamacona para eso del grito y los festejos.
-Mi querido Ulises, acelerador sin frenar.
-Pos vas.
-Pos voy.
Y ahí ves a los dukes de SantaClara Ocoyucan sorteando el camino a como diera lugar. Total que al llegar a Chachapa como a eso de las dos y media de la mañana. Cuaz. que se para el coche.
Ocho
Ya habíamos empujado. Ya lo habíamos pateado. Ya lo habíamos escupido. Total que el auto no respondía. De pronto a empujar y los perros que empiezan a ladrar. Salimos corriendo y estaba la camioneta en una bajada. La Hichi van que toma su fuerza y que se sigue la muy desgraciada y que nos deja al Ulises y a mi. Pasó una patrulla de la policía municipal de Puebla en la carretera, lo detuvimos y nos dijo que nos llamarían una grúa. Pues ni madres, qué. Le marqué a mi compadre Alejandro Rodríguez para que me mandara una grúa y estaba repedo. En fin. la historia culminó con que llegué en un taxi a la redación de El Universal y de ahí pedimos la grúa. Ese día a las dos de la tarde ya estaba escribiendo la noticia que llegó a las primeras planas del diario a nivel nacional.
Colofón
Ahora que Gilberto Nájera resurje como el mejor amigo del pederasta bien vale la pena retomar la historia.
-¿Y qué pasó con nuestras changuitas?
-Nada, nada, lo que le pasaría a cualquiera, esa noche fueron felizmente fajadas por otros menos pendejos que nosotros
"¿A quien se le ocurre trabajar en 15 de septiembre? "
Fin
Uno
Era septiembre de 1999, Arturo Luna era mi jefe de información en el periódico El Universal de Puebla. El 14 de septiembre, para ser exactos, mi jefe se acercó a mi y me dijo: "Oye cabrón, ¿en qué municipio las cosas están de la chingada?".
Inocente de mi, se me ocurrió darle una lista de varios municipios con problemas post electorales. Arrancaba la administración de Melquiades Morales Flores.
-¿Y cuál de veras está cabrón? -me insistió Luna, con un tono de curiosidad.
-Ah, mi querido Arturo. Yo creo que Santa Clara Huitziltepec. Los perredistas apenas golpearon a un grupo de policías que intentaron liberar la presidencia muncipal que estaba cerrada con piedras y palos. De esa golpiza, a dos tiras los mandaron al hospital.
-¿No mames?
-Me cai.
Arturo me vio tranquilamente y con su particular parsimonia me dijo: "Bueno, mi querido Zeus, pues te vas para allá. Quiero que cubras el grito en Huitziltepec". Yo me lo quedé viendo y le sonreí. Pensé: "Chinga tu madre. Ajá y acá está tu pendejo".
Arturo remató: "Te vas con el fotógrafo Ulises Ruiz."
"Me carga la chingada. Y para colmo me mandan con El Negro", volví a pensar.
Entre Ulises y yo pedimos la camioneta Hichi van que la empresa usaba para repartir el diario, pedimos viáticos y nos quedamos de ver el 15 de septiembre (día en el que descansan los reporteros, el 16 no hay periódicos) a las cuatro de la tarde en la redacción de El Universal.
Dos.
Total que el 15 a las cuatro de la tarde que nos dan el dinero, que nos dan las llaves de la Hichi van. Y Ulises me sugiere que nos compremos un paquete de pan bimbo, unos chiles La Morena, jamón, mayonesa, queso y dos cocacolas familiares para cenar algo.
Prendí la camioneta, ya cuando iba por el bulevar 5 de mayo que se le ocurre a esa madre (Hichi van) pararse. Así nomás, por sus purititos huevos (por no decir bujías) y a la de mil y con dos golpes técnicos y un empujón arrancó.
Llegamos a la Comercial Mexicana que está en la 5 Sur y compramos los víveres. En eso que le digo a Ulises: "¿Sabes qué cabrón?, esta madre si no le frenas no se apaga. ¿Cómo ves si nos lanzamos al pinche pueblo ese así, con el acelerador al fondo?, de huevos, a ver qué pasa".
-Pos vas -respondió lacónico.
-Pos voy.
Y que le meto el acelerador de Puebla hasta Santa Clara Huitziltepec, casi sin enfrenar, seguidito.
Qué rápido y furioso ni que la chingada. El pinche Zeus y el pinche Ulises que vamos hechos la chingada a un pinche pueblo que se ubica a unos kilómetros de Tepexi de Rodríguez.
Tres.
Llegamos al pueblo como a eso de las seis treinta de la tarde.
-Ulises, quédate aquí. Estás tan pinche feo que si te ven, te van a madrear por ponerle en la madre a este pueblo tan pintoresco.
-Vete al carajo. -Bueno, pero me esperas. Voy al carajo, regreso y les pido permiso a los perredistas para que sepan que venimos en son de paz.
-Sale
-No te comas los sandwiches.
-Chinga tu madre -
Bueno, pero no te los comas.
-Ok.
Para no hacer el relato cansado, fui y hablé con los inconformes. Para esto, yo mentaba madres, porque traía una movidita con una reportera de TV Azteca, de la cual me reservo el nombre porque ante todo soy un caballero y por ahí anda dando lata (ya no en TV azteca).
Por lo tanto, a mi me había invitado la changuita aquella a su noche mexicana y, por cierto, Ulises traía también su movida con otra muchachona. (como paréntesis, Ulises y este su relator habíamos acordado que una vez que pudieramos nos largáramos a ver a nuestras respectivas prospectas).
Entonces, que me les acerco a los perredistas y que saco las credenciales, y que me dicen que a toda madre y que me quedara, que había fiesta. "
-¿Y el presidente municipal, si está tomada la presidencia, quién va a dar el grito? -pregunté.
-Ese pinche Ardelio (el alcalde priista) no lo queremos aquí. Que dé el grito en su casa allá en su rancho.
-¿Y quién va a dar el grito? -insistí.
-Pos el cura
-¿Quién?
-Pos Gilberto Nájera, el padrecito del pueblo. (Ojo, aquí yo por dentro me sorprendí, porque el hecho era algo histórico. Miguel Hidalgo había renacido de la noche a la mañana).
La cosa es que yo intenté no mostrar la emoción que me generaba esa revelación y preferí quedarme calladito.
-Ah, claro, el cura.
-Sí, aquí lo queremos mucho.
-Es como su líder.
-Es nuestro líder moral, él es el que nos ordenó tomar la presidencia.
-Claro, es una buena obra -dije yo como si fuera algo normal.
Cuatro
Salí caminando rápidamente rumbo a la Hichi van. El Negro se había encerrado y ya se había cenado dos sandwiches. Eran como las siete de la noche para ese momento.
-Nos quedamos, Negro.
El cura va a dar el grito. Ya chingamos, nos llevamos la de ocho.
Cinco.
"Toc, toc, toc, toc"
-Ora pinche negro.
"Toc, toc, toc, toc"
-Ya cabrón, deja dormir un rato.
-Yo qué.
-Ay cabrón. Es afuera. Vas pinche Ulises, yo ya me los chamaquié.
-Te toca, a ti te conocen. Además yo estoy tan feo que voy a dañar la imagen del pueblo tan colorido.
Seis
-Buenas noches, qué pasó.
-Oiga, joven. Mire es que nosotros celebramos a la reina de la Independencia. Y como ustedes son periodistas quisieramos ver que si es posible, ¿verdad? que si nos hacen el favor de ser los padrinos de la muchacha.
-...
-Ándeles, no se hagan. Y aquí su fotógrafo que nos haga unas fotos.
-...
-Sale, gracias.
Y ahí ves a este su relator con la reina de la Independencia, vestida como quinceañera, una muchacha morena, con braquets, que tenía un barro más grande que su nariz. De ahí en fuera pues no estaba tan mal la oriunda de Santa Clara. "
Que me sientan en el toldo de una camioneta de redilas junto a ella y ahí los dos. Yo como el Momo, ese rey feo y ella con su sonrisa metálica.
Total que recorrimos el pueblo.
Ulises se justificó como fotógrafo por qué no podía estar con la reina.
Y el güey tome y tome fotos y riendose de este su amigo.
Llegamos al zócalo.
Nos tomaron otra foto y ora sí el momento de la verdad:
El cura Gilberto Nájera, un señor de no más de 70 años, con el cabello canoso apareció en la escena. Llevaba su sotana y toda la cosa.
Inició la misa.
El cura en la homilia habló mal de Ernesto Zedillo, de Melquiades Morales, habló bien del EZLN, mal del PRI, en fin, llamó a tomar las armas.
Tras culminar la misa. Se quitó la sotana, se colocó un sueter gris, tomó la bandera de México y: "¡Mexicanos, viva México!" Se aventó la letanía.
Concluyó el grito.
Pasaron los bailables, los recitales de los niños.
La fonomímica de Jeans, o un grupo así.
Y el cura se despidió.
Era mi momento, ténía que entrevistarlo.
Él caminaba sólo por la plancha del zócalo y de pronto me le acerco.
-Padre, padre.
Dos tipos gordos que medían algo así como 1.80 metros se me pusieron enfrente y me impedían el paso.
Ulises se escondió con su cámara tras unos arbustos.
-¿A dónde crees que vas?
-A platicar con el padre.
El cura se volteó y me preguntó qué quería.
Tras explicarle quién era y bla, bla, bla. El cura aceptó la entrevista. Saqué mi grabadora. Los gorilas me la tumbaron de un manotazo. "Nada de grabadoras". Saqué mi pluma y mi libreta de taquigrafía. Los gorilas me la hicieron a un lado. Entonces, yo me dije: "Ni pedo, mi Zeus, a la buena memoria".
La entrevista sirvió para confirmar que el cura había azuzado a los pobladores para tomar la presidencia municipal y sacar del pueblo al alcalde priista. Sirvió para denunciar al entonces gobernador Melquiades Morales, en fin.
Al concluir, el padre, quien hablaba coomo un papá conciliador dijo: "Hijitos, míos, vayan al baile, tómense unos tequiltas"
-Sabe qué padre es que ya nos tenemos que ir.
-No, no, no. Ustedes se quedan. Muchachos, acompañen a los señores a la fiesta.
Y los gorilas, como guaruras de la judicial nos llevaron a Ulises y a mi al baile (literal).
Siete
Ya habíamos bailado con la reina. Ya habíamos brindado con los pobladores. Y ya era como las doce y media. Nos escapamos. Nos subimos a la camioneta como de rayo pensando que cada quien agarraría a su respectiva chamacona para eso del grito y los festejos.
-Mi querido Ulises, acelerador sin frenar.
-Pos vas.
-Pos voy.
Y ahí ves a los dukes de SantaClara Ocoyucan sorteando el camino a como diera lugar. Total que al llegar a Chachapa como a eso de las dos y media de la mañana. Cuaz. que se para el coche.
Ocho
Ya habíamos empujado. Ya lo habíamos pateado. Ya lo habíamos escupido. Total que el auto no respondía. De pronto a empujar y los perros que empiezan a ladrar. Salimos corriendo y estaba la camioneta en una bajada. La Hichi van que toma su fuerza y que se sigue la muy desgraciada y que nos deja al Ulises y a mi. Pasó una patrulla de la policía municipal de Puebla en la carretera, lo detuvimos y nos dijo que nos llamarían una grúa. Pues ni madres, qué. Le marqué a mi compadre Alejandro Rodríguez para que me mandara una grúa y estaba repedo. En fin. la historia culminó con que llegué en un taxi a la redación de El Universal y de ahí pedimos la grúa. Ese día a las dos de la tarde ya estaba escribiendo la noticia que llegó a las primeras planas del diario a nivel nacional.
Colofón
Ahora que Gilberto Nájera resurje como el mejor amigo del pederasta bien vale la pena retomar la historia.
-¿Y qué pasó con nuestras changuitas?
-Nada, nada, lo que le pasaría a cualquiera, esa noche fueron felizmente fajadas por otros menos pendejos que nosotros
"¿A quien se le ocurre trabajar en 15 de septiembre? "
Fin
miércoles, octubre 05, 2005
El rector Agüera le rinde protesta al rector Agüera
Como en un poema del viejo poeta Ernesto Cardenal, en Puebla pasó lo mismo
O en otras palabras: el rector Agüera le encargó la nueva reforma universitaria al rector Agüera, a fin de que el rector Agüera utilice su cargo al estilo Agüera.
La última imagen del video institucional proyectado en dos pantallas durante la toma de protesta de Enrique Agüera Ibáñez —en el auditorio Julio Glóckner— definió el futuro de lo que serán los tiempos agüeristas: “Nueva Reforma Universitaria. Maestro Enrique Agüera Ibáñez”. Diría el clásico: alabanza en boca propia es vituperio.
Y no sólo eso, las adulaciones a sí mismo se convirtieron en la nueva forma de hacer política al interior de la máxima casa de estudios. Tan fue así que Enrique Agüera (el rector interino) le rindió protesta a Enrique Agüera (el rector entrante).
Y él mismo se felicitó por su triunfo.
Y él mismo se sonrió consigo mismo.
Sólo faltaba la imagen en la que Agüera se abrazara y se deseara los parabienes como un narcisista desbordado.
Más tarde, ya en la comida del festejo, los operadores de Agüera, desde Damián Hernández (conocido por los universitarios como “El milanezo”) hasta Rafael Oropeza, incluyendo a Fernando Santiesteban Llaguno (“El Barbas Meadas”, universitarios dixit) se la pasaron abrazando a su jefe. Incluso Hugo Eloy Meléndez ahí estaba, controlando sus deseos por el alcohol para evitar otro borrachazo.
Aduladores y busca chambas por aquí y por allá: “Maestro Agüera, una foto”, clamaban las secretarias al verlo pasar.
Mientras Agüera recorría las mesas para saludar a sus invitados en el tercer patio del Carolino, varios de los universitarios como el porro de Rafael Oropeza lo cazaban para saludarlo, no una, sino dos o hasta tres veces.
Si Agüera iba a la derecha.
Ahí están sus funcionarios que van para la derecha.
Si Agüera va para la izquierda.
Ahí ves a sus corifeos que corren hacia la izquierda.
Si Agüera se sienta.
Ahí los ves de pie a unos metros de él, esperando a que se levante.
Si Agüera quería ir al baño.
Los seguidores del agüerismo se apostaban afuera como si fueran guaruras esperando ayudarlo una vez que terminara.
El tercer patio fue en donde la austeridad universitaria se vio opacada por el vino y alcohol que rodó por todas las mesas hasta la noche.
No obstante, horas antes, uno veía a Enrique Agüera con el dedo índice extendido, con la voz firme diciendo en los micrófonos: “Especialmente habrá ahorros en las comidas institucionales y obsequios protocolarios”, pero no, la austeridad republicana sólo sirvió para quedar bien con el marinismo, pues más tarde ésta se convirtió en una austeridad chabacana.
Los únicos que no asistieron para legitimar su “amarre de cinturón” fueron los velecistas: Ni Francisco Vélez ni su hermano el ex rector Alfonso.
En el tercer patio estaban todos: universitarios, funcionarios y periodistas, que con sus plumas y sus tremendos traseros calentaban las sillas y se la pasaban adulando a todos los hombres del poder.
—¿Cómo ves a “El Milanezo” (Damián Hernández), que quiere Comunicación Social?
—¿Milanezo?, ¿por qué le dicen así?
—Ah, porque cada que el rector le dice que si ya hizo algo él siempre responde: “Tsssss, ya estuvo, jefe”. Hace como si friera milanezas. A poco no, si lo ves parece que vende tortas de chorizo con huevo, pero eso sí, bien sabrosas.
—¿Y quién va para la Secretaría General?
—“El Barbas Meadas”.
—¿Y ese quién es?
—Fernando Santiesteban Llaguno.
—¿Y por qué le dicen “El Barbas Meadas”?
—Tienes dudas, ve y huélelas.
Mientras todo ello ocurría, varios universitarios se quejaban porque se les había obligado a renunciar de sus puestos:
—Y yo qué culpa tengo, por qué me obligaron a renunciar si yo no soy funcionario
—¿Y quién lo obligó?
—A mí me dio la orden Rafael Oropeza y fue a fuerza.
Ya al final, todo era la borrachera del poder: periodistas jugueteando con funcionarios, universitarios bebiéndose todo el vino.
Cuando ya casi todo había acabado, Agüera regresó y se sentó en una mesa con los típicos lambiscones: Omar Álvarez Arronte, Luis Rossano y un columnista mofletudo y servil, quien por cierto ahora presume su look de luchador a la Latin lover.
Así concluyó la austeridad uapachosa.
O en otras palabras: el rector Agüera le encargó la nueva reforma universitaria al rector Agüera, a fin de que el rector Agüera utilice su cargo al estilo Agüera.
La última imagen del video institucional proyectado en dos pantallas durante la toma de protesta de Enrique Agüera Ibáñez —en el auditorio Julio Glóckner— definió el futuro de lo que serán los tiempos agüeristas: “Nueva Reforma Universitaria. Maestro Enrique Agüera Ibáñez”. Diría el clásico: alabanza en boca propia es vituperio.
Y no sólo eso, las adulaciones a sí mismo se convirtieron en la nueva forma de hacer política al interior de la máxima casa de estudios. Tan fue así que Enrique Agüera (el rector interino) le rindió protesta a Enrique Agüera (el rector entrante).
Y él mismo se felicitó por su triunfo.
Y él mismo se sonrió consigo mismo.
Sólo faltaba la imagen en la que Agüera se abrazara y se deseara los parabienes como un narcisista desbordado.
Más tarde, ya en la comida del festejo, los operadores de Agüera, desde Damián Hernández (conocido por los universitarios como “El milanezo”) hasta Rafael Oropeza, incluyendo a Fernando Santiesteban Llaguno (“El Barbas Meadas”, universitarios dixit) se la pasaron abrazando a su jefe. Incluso Hugo Eloy Meléndez ahí estaba, controlando sus deseos por el alcohol para evitar otro borrachazo.
Aduladores y busca chambas por aquí y por allá: “Maestro Agüera, una foto”, clamaban las secretarias al verlo pasar.
Mientras Agüera recorría las mesas para saludar a sus invitados en el tercer patio del Carolino, varios de los universitarios como el porro de Rafael Oropeza lo cazaban para saludarlo, no una, sino dos o hasta tres veces.
Si Agüera iba a la derecha.
Ahí están sus funcionarios que van para la derecha.
Si Agüera va para la izquierda.
Ahí ves a sus corifeos que corren hacia la izquierda.
Si Agüera se sienta.
Ahí los ves de pie a unos metros de él, esperando a que se levante.
Si Agüera quería ir al baño.
Los seguidores del agüerismo se apostaban afuera como si fueran guaruras esperando ayudarlo una vez que terminara.
El tercer patio fue en donde la austeridad universitaria se vio opacada por el vino y alcohol que rodó por todas las mesas hasta la noche.
No obstante, horas antes, uno veía a Enrique Agüera con el dedo índice extendido, con la voz firme diciendo en los micrófonos: “Especialmente habrá ahorros en las comidas institucionales y obsequios protocolarios”, pero no, la austeridad republicana sólo sirvió para quedar bien con el marinismo, pues más tarde ésta se convirtió en una austeridad chabacana.
Los únicos que no asistieron para legitimar su “amarre de cinturón” fueron los velecistas: Ni Francisco Vélez ni su hermano el ex rector Alfonso.
En el tercer patio estaban todos: universitarios, funcionarios y periodistas, que con sus plumas y sus tremendos traseros calentaban las sillas y se la pasaban adulando a todos los hombres del poder.
—¿Cómo ves a “El Milanezo” (Damián Hernández), que quiere Comunicación Social?
—¿Milanezo?, ¿por qué le dicen así?
—Ah, porque cada que el rector le dice que si ya hizo algo él siempre responde: “Tsssss, ya estuvo, jefe”. Hace como si friera milanezas. A poco no, si lo ves parece que vende tortas de chorizo con huevo, pero eso sí, bien sabrosas.
—¿Y quién va para la Secretaría General?
—“El Barbas Meadas”.
—¿Y ese quién es?
—Fernando Santiesteban Llaguno.
—¿Y por qué le dicen “El Barbas Meadas”?
—Tienes dudas, ve y huélelas.
Mientras todo ello ocurría, varios universitarios se quejaban porque se les había obligado a renunciar de sus puestos:
—Y yo qué culpa tengo, por qué me obligaron a renunciar si yo no soy funcionario
—¿Y quién lo obligó?
—A mí me dio la orden Rafael Oropeza y fue a fuerza.
Ya al final, todo era la borrachera del poder: periodistas jugueteando con funcionarios, universitarios bebiéndose todo el vino.
Cuando ya casi todo había acabado, Agüera regresó y se sentó en una mesa con los típicos lambiscones: Omar Álvarez Arronte, Luis Rossano y un columnista mofletudo y servil, quien por cierto ahora presume su look de luchador a la Latin lover.
Así concluyó la austeridad uapachosa.
miércoles, agosto 31, 2005
Se suman a los comentarios
A través de un correo electrónico nos enteramos que la profesora Elb Esther Gordillo Morales se sumó al comentario sesudo de la noche y nos mandó a decir:
"Sí, que CHINGUE A SU MADRE MADRAZO"
PD. Si es que tiene
"Sí, que CHINGUE A SU MADRE MADRAZO"
PD. Si es que tiene
miércoles, agosto 24, 2005
Comentario sesudo de la noche
Cuando no hay más que postear, cuando el coco se seca sólo hay una cosa que decir:
¡QUE CHINGUE A SU MADRE MADRAZO!
PD. Viva la familia
¡QUE CHINGUE A SU MADRE MADRAZO!
PD. Viva la familia
martes, agosto 23, 2005
Ahora sí la velocidad de la luz
Bueno, ora no.
Mejor compren el chingado libro que está poca madre.
Lo edita Tusquets y es de Javier Cercas, el mismo de Soldados de Salamina. Iba a subir unos textos, pero primero, esta madre (computadora) no me lo permitía, luego se me borró el texto en word y para acabarla de amolar el día que cargaba el libro lo perdí en una borrachera en el restaurante El Chimichurri.
Ojalá y algún mesero lo haya tomado.
Chingados, lo cambié por unos güiskis, unos coñacs y un sambuca negro.
Ni hablar puñal, trais mujer.
Pero el pedo estuvo bueno.
Bien bueno
Salud y saludos terrícolas, ¡hip!
Mejor compren el chingado libro que está poca madre.
Lo edita Tusquets y es de Javier Cercas, el mismo de Soldados de Salamina. Iba a subir unos textos, pero primero, esta madre (computadora) no me lo permitía, luego se me borró el texto en word y para acabarla de amolar el día que cargaba el libro lo perdí en una borrachera en el restaurante El Chimichurri.
Ojalá y algún mesero lo haya tomado.
Chingados, lo cambié por unos güiskis, unos coñacs y un sambuca negro.
Ni hablar puñal, trais mujer.
Pero el pedo estuvo bueno.
Bien bueno
Salud y saludos terrícolas, ¡hip!
martes, agosto 09, 2005
El baile de los cuchillos
(Del archivo, crónica en la región de Tehuacán)
El baile de los cuhillos
(San Gabriel Chilac, octubre del 2004)
Una alfombra llena de sangre.
Un señor limpia con un cepillo todos los chorros que salen de los cogotes de los chivos. Sangre, más sangre que salpica caras, brazos, piernas, que se mezcla con la saliva y ese dulce olor a muerte.
Ese morbo, ese nervio que se siente en la panza, esa desesperación porque en cualquier momento los animales serán sacrificados.
Esa mirada inocente del chivo que ve a sus congéneres que se arremolinan.
Ese hombre con esa pistola de aire, listo para disparar.
Ese otro hombre con un cuchillo en lo alto.
Ese quejido.
Esa sangre espesa que cae de las bocas de los chivos.
Ese flash, ese quejido, esa salpicada de sangre.
Ese cacique del rancho La Huerta. Ese tal Iñigo que ve a sus trabajadores, todos ellos indígenas, a quienes les paga nada más con orejas y patas, a los que les va bien les remunera con maíz y panza de las pequeñas bestias sacrificadas.
Esa danza de los cuchillos.
Todo en su conjunto genera bochorno.
Esa es la fiesta del chivo, la fiesta de las tripas, de la sangre seca, del morbo.
Es la fiesta de lo grotesco, la continuación de la tradición española. Es, sin lugar a dudas, la mejor forma de oler mierda mezclada con ese líquido viscoso.
La fiesta del chivo
Este es el último chivo de Melquiades Morales, parece increíble cómo un caprino es capaz de recordar lo inexorable de la medida sexenal.
El gobernador, acompañado de su entrañable asesor y amigo, Eduardo Robledo Rincón y el secretario de Cultura, ven cómo en una danza, en una fiesta, con una nube de incienso, las cosas cambian. Cómo todo encanece, desaparece con una banda de pueblo tocando a todo lo que da.
El gobernador baila con su último chivo. Melquiades Morales, enfundado en su guayabera está emocionado, está contento por tantos y tantos regalos que los indígenas de San Gabriel Chilac le han entregado.
Nuevamente tiene un cetro, su bastón de mando, su corona de ajos, su collar de flores, sus nubes (flores blancas del campo) y canastas.
El gobernador no cabe de ancho: baila en la fiesta que derivará en masacre.
Su último chivo también baila. Ese chivo, hay que decirlo es el que se salvó de ser parte de los cuchillos y las charrascas filosas de los hombres con enaguas que, sin querer, muestran sus testículos cuando destazan animales.
El mandatario baila primero con una de las indígenas de Chilac, la música de fondo es “El guajolote”. Casi todos los funcionarios que acompañaron a Melquiades Morales también danzan al ritmo que les impone la banda municipal de Tehuacán.
Una mujer con incienso recorre a los bailarines. Antonio Zaraín, Pedro Ángel Palou, Eduardo Robledo Rincón, y hasta el director de Intolerancia diario, Enrique Núñez, reparten toda la polilla en medio de la tarima donde se celebra la fiesta.
Aquí no importa la sucesión ni quién va arriba en las encuestas. Es la última celebración de Melquiades Morales. Es su danza, su despedida.
—¿Es su último chivo, gobernador? —preguntó una reportera.
—Sí.
—¿Hay nostalgia?
—Sí, sí la hay.
Melquiades Morales se despide de los tehuacaneros. Todos los años vino como el gran tlatoani a ver sus seguidores.
Ahora, con un chivo, con una danza, a todos les dijo adiós.
Regresará como amigo, dijo el maestro de ceremonias.
El aludido sólo hizo una genuflexión en señal de aprobación.
Matanza en la huerta
Los chivos son llevados a un pequeño corral. Se siente cómo el morbo por ver la muerte y la sangre se juntan e imponen. Ese pequeño nervio que ataca el estómago empieza a ser cada vez más evidente.
El primer chivo es tomado por los cuernos. Impera la mirada inocente del animal, quisiera reclamarle a fotógrafos, reporteros y demás público que con ansia y morbo desean ver la sangre y las vísceras.
Una pistola es colocada en la cara de la pequeña bestia.
Un disparo seco acaba con la vida del chivo, pero no deja de ver a los deseosos de la muerte.
Un hombre moreno, sin camisa, sólo con short, le entierra un cuchillo en el cogote, la danza de la sangre y los coágulos comienza a bañar a los matanceros.
Y uno más pasa a ese destino fatal.
Cuando el matancero entierra el cuchillo lo saca rápidamente y levanta el arma como si fuera un triunfo, como si demostrara su virilidad.
Es como un acto sexual forzado en sí mismo.
Cada uno de los chivos muertos es colgado en ganchos para que se desangren.
Cada gancho les es colocado en las patas y así, con la garganta desecha, son secados.
Un hilito de sangre comienza a recorrer el pecho y las patas.
“Mi sangre, mi sangre”, corre una ancianita con una cubeta para exigir que sea llenada por más litros y litros de esa sustancia roja que apesta “a madres”.
Son más de 60 chivos los colgados. Luego, los matanceros los avientan sobre petates para ser despellejados.
Del ano salen las pequeñas bolas de excremento. Al abrirlos les exprimen todo el orín. Apesta.
Los ojos del animal caen sobre cada uno de los morbosos, miran en una actitud de reclamo, de desesperación, de pedir auxilio, de: “mírame como me maltratan y tú ahí parado no haces nada”.
La señora que quería su sangre pasea ya con su cubeta llena. Contenta, feliz, hinchada de orgullo, con eso preparará la barbacoa y los tacos con sal acompañados de cervezas Victoria.
Para alabar a Dios
Los rezos en la hacienda de La Huerta son los que dan inicio a la fiesta del chivo. Un organito es usado para acompañar la celebración.
Mientras un señor canoso comienza con sus rezos a Dios, a la tierra, a la madre naturaleza y a los espíritus de los animales, en el pequeño órgano se escucha la vieja canción “De colores, de colores son los...”
Un grupo de mujeres indígenas oran y piden porque la producción de la matanza sea buena para este año.
Los matanceros esperan y escuchan. Preparan cuchillos que suenan fríos. Colocan cuerdas que serán usadas de manera terrible, enterradas en los pequeños cuerpos de los animales.
El rito termina con una canción: Amor eterno de Juan Gabriel: “Cómo quisiera que tú vivieras, tarde o temprano estaré contigo... amándote... Amor eterno”.
Al concluir los rezos se prepara la pistola.
Y el rito comienza: ese morbo, ese nervio que se siente en la panza, esa desesperación porque en cualquier momento los animales serán sacrificados.
Esa mirada inocente del chivo que ve a sus congéneres arremolinados.
Ese hombre, con esa pistola de aire, listo para disparar.
Ese otro con un cuchillo en lo alto.
Ese quejido.
Esa sangre espesa que cae de las bocas de los chivos.
Ese flash, ese quejido, esa salpicada.
El baile de los cuhillos
(San Gabriel Chilac, octubre del 2004)
Una alfombra llena de sangre.
Un señor limpia con un cepillo todos los chorros que salen de los cogotes de los chivos. Sangre, más sangre que salpica caras, brazos, piernas, que se mezcla con la saliva y ese dulce olor a muerte.
Ese morbo, ese nervio que se siente en la panza, esa desesperación porque en cualquier momento los animales serán sacrificados.
Esa mirada inocente del chivo que ve a sus congéneres que se arremolinan.
Ese hombre con esa pistola de aire, listo para disparar.
Ese otro hombre con un cuchillo en lo alto.
Ese quejido.
Esa sangre espesa que cae de las bocas de los chivos.
Ese flash, ese quejido, esa salpicada de sangre.
Ese cacique del rancho La Huerta. Ese tal Iñigo que ve a sus trabajadores, todos ellos indígenas, a quienes les paga nada más con orejas y patas, a los que les va bien les remunera con maíz y panza de las pequeñas bestias sacrificadas.
Esa danza de los cuchillos.
Todo en su conjunto genera bochorno.
Esa es la fiesta del chivo, la fiesta de las tripas, de la sangre seca, del morbo.
Es la fiesta de lo grotesco, la continuación de la tradición española. Es, sin lugar a dudas, la mejor forma de oler mierda mezclada con ese líquido viscoso.
La fiesta del chivo
Este es el último chivo de Melquiades Morales, parece increíble cómo un caprino es capaz de recordar lo inexorable de la medida sexenal.
El gobernador, acompañado de su entrañable asesor y amigo, Eduardo Robledo Rincón y el secretario de Cultura, ven cómo en una danza, en una fiesta, con una nube de incienso, las cosas cambian. Cómo todo encanece, desaparece con una banda de pueblo tocando a todo lo que da.
El gobernador baila con su último chivo. Melquiades Morales, enfundado en su guayabera está emocionado, está contento por tantos y tantos regalos que los indígenas de San Gabriel Chilac le han entregado.
Nuevamente tiene un cetro, su bastón de mando, su corona de ajos, su collar de flores, sus nubes (flores blancas del campo) y canastas.
El gobernador no cabe de ancho: baila en la fiesta que derivará en masacre.
Su último chivo también baila. Ese chivo, hay que decirlo es el que se salvó de ser parte de los cuchillos y las charrascas filosas de los hombres con enaguas que, sin querer, muestran sus testículos cuando destazan animales.
El mandatario baila primero con una de las indígenas de Chilac, la música de fondo es “El guajolote”. Casi todos los funcionarios que acompañaron a Melquiades Morales también danzan al ritmo que les impone la banda municipal de Tehuacán.
Una mujer con incienso recorre a los bailarines. Antonio Zaraín, Pedro Ángel Palou, Eduardo Robledo Rincón, y hasta el director de Intolerancia diario, Enrique Núñez, reparten toda la polilla en medio de la tarima donde se celebra la fiesta.
Aquí no importa la sucesión ni quién va arriba en las encuestas. Es la última celebración de Melquiades Morales. Es su danza, su despedida.
—¿Es su último chivo, gobernador? —preguntó una reportera.
—Sí.
—¿Hay nostalgia?
—Sí, sí la hay.
Melquiades Morales se despide de los tehuacaneros. Todos los años vino como el gran tlatoani a ver sus seguidores.
Ahora, con un chivo, con una danza, a todos les dijo adiós.
Regresará como amigo, dijo el maestro de ceremonias.
El aludido sólo hizo una genuflexión en señal de aprobación.
Matanza en la huerta
Los chivos son llevados a un pequeño corral. Se siente cómo el morbo por ver la muerte y la sangre se juntan e imponen. Ese pequeño nervio que ataca el estómago empieza a ser cada vez más evidente.
El primer chivo es tomado por los cuernos. Impera la mirada inocente del animal, quisiera reclamarle a fotógrafos, reporteros y demás público que con ansia y morbo desean ver la sangre y las vísceras.
Una pistola es colocada en la cara de la pequeña bestia.
Un disparo seco acaba con la vida del chivo, pero no deja de ver a los deseosos de la muerte.
Un hombre moreno, sin camisa, sólo con short, le entierra un cuchillo en el cogote, la danza de la sangre y los coágulos comienza a bañar a los matanceros.
Y uno más pasa a ese destino fatal.
Cuando el matancero entierra el cuchillo lo saca rápidamente y levanta el arma como si fuera un triunfo, como si demostrara su virilidad.
Es como un acto sexual forzado en sí mismo.
Cada uno de los chivos muertos es colgado en ganchos para que se desangren.
Cada gancho les es colocado en las patas y así, con la garganta desecha, son secados.
Un hilito de sangre comienza a recorrer el pecho y las patas.
“Mi sangre, mi sangre”, corre una ancianita con una cubeta para exigir que sea llenada por más litros y litros de esa sustancia roja que apesta “a madres”.
Son más de 60 chivos los colgados. Luego, los matanceros los avientan sobre petates para ser despellejados.
Del ano salen las pequeñas bolas de excremento. Al abrirlos les exprimen todo el orín. Apesta.
Los ojos del animal caen sobre cada uno de los morbosos, miran en una actitud de reclamo, de desesperación, de pedir auxilio, de: “mírame como me maltratan y tú ahí parado no haces nada”.
La señora que quería su sangre pasea ya con su cubeta llena. Contenta, feliz, hinchada de orgullo, con eso preparará la barbacoa y los tacos con sal acompañados de cervezas Victoria.
Para alabar a Dios
Los rezos en la hacienda de La Huerta son los que dan inicio a la fiesta del chivo. Un organito es usado para acompañar la celebración.
Mientras un señor canoso comienza con sus rezos a Dios, a la tierra, a la madre naturaleza y a los espíritus de los animales, en el pequeño órgano se escucha la vieja canción “De colores, de colores son los...”
Un grupo de mujeres indígenas oran y piden porque la producción de la matanza sea buena para este año.
Los matanceros esperan y escuchan. Preparan cuchillos que suenan fríos. Colocan cuerdas que serán usadas de manera terrible, enterradas en los pequeños cuerpos de los animales.
El rito termina con una canción: Amor eterno de Juan Gabriel: “Cómo quisiera que tú vivieras, tarde o temprano estaré contigo... amándote... Amor eterno”.
Al concluir los rezos se prepara la pistola.
Y el rito comienza: ese morbo, ese nervio que se siente en la panza, esa desesperación porque en cualquier momento los animales serán sacrificados.
Esa mirada inocente del chivo que ve a sus congéneres arremolinados.
Ese hombre, con esa pistola de aire, listo para disparar.
Ese otro con un cuchillo en lo alto.
Ese quejido.
Esa sangre espesa que cae de las bocas de los chivos.
Ese flash, ese quejido, esa salpicada.
martes, julio 19, 2005
Pendiente la velocidad de la luz, mientras Pixies
| Una rolita de poca madre: Where is my mind de los Pixies Stop With your feet on the air and your head on the ground Try this trick and spin it, yeah Your head will collapse if there's nothing in it And you'll ask yourself Where is my mind? Where is my mind? Where is my mind? Way out in the water, see it swimming I was swimming in the Caribbean Animals were hiding behind the rock Except for little fish When they told me east is west trying to talk to me, coy koi Where is my mind? Where is my mind? Where is my mind? Way out in the water, see it swimming With your feet on the air and your head on the ground Try this trick and spin it, yeah Your head will collapse if there's nothing in it And you'll ask yourself Where is my mind? Where is my mind? Where is my mind? Way out in the water, see it swimming With your feet on the air and your head on the ground Try this trick and spin it |
La velocidad de la luz
| Debido a que esta mierda ( la computadora en la que escribo, normalmente) me tiene vetado y censurado, les debo por unos días un texto sobre el último libro de Javier Cercas, La velocidad de la luz. Hasta entonces |
miércoles, julio 13, 2005
Un fusil por Meneses
La semana pasada falleció Alejandro Meneses, un escritor nacido en Tlaxcala pero adoptado como poblano por necesidad. Sin duda, Meneses era el mejor narrador poblano. Era un outsider en el estricto sentido de la palabra que bebía vodka oso negro. Lo conocí por tres amigos: Araceli Lanche, quien fue su alumna de cuento, Víctor Arellano y uno de sus compañeros de parrandas, Jesús Bonilla.
En Puebla, entonces, había dos escritores de primer nivel: el primero Meneses que representaba a esa cultura underground y por otra parte, Pedro Ángel Palou que era el escritor de la élite -no estoy acusando a Palou de malo, al contrario-. Ambos antípodas, se llegó a decir que eran enemigos, sus estilos distintos. Uno de escritorio el otro de banquita o de barra de cantina.
Una vez que falleció Meneses muchos de sus amigos acudieron a despedirse de él, pero en la edición del diario Cambio apareció una carta de Palou que creo que es el mejor homenaje que le han hecho.
Este blog está hecho de recortes, de ideas recortadas, de pegotes, de imágenes inconclusas y es por eso que me permito el plagio de la carta que escribió Palou, es conmovedora al punto de la lágrima, así que queridos lectores de este su blog ( a parte de mi ma' linda) ahí les va:
Querido Alejandro:
Tal vez mis palabras no te sean gratas, incluso en un viaje esperado que todos posponemos. Pero la muerte nos iguala. A todos. Te lo dije alguna vez en persona y ahora lo repito en público: eras nuestro mejor narrador. Tenías diablo, duende —si fuera poeta—, demonio, vamos. Ningún libro de cuentos escrito en Puebla iguala a tus Días extraños. Lo sabías. Quizá por eso... Pero no nos vamos a poner nostálgicos. Tú que odiabas la autocomplacencia. No pudimos comprendernos, en persona. Algo en mi ser te repelía. Y lo supe siempre. ¿Recuerdas aquella increpación en la Casa de Cultura? Yo te oí, desde mi admiración. ¿Supimos quererte? Puebla no quiere a sus escritores. Eso es claro. No los lee, de hecho. Yo tampoco te busqué, hubiese sido en vano. Lo mío te parecía vano, efímero. Y quizá tengas razón. No lo sé, tampoco. Alguna vez me dijiste efectista. Tú, que creabas atmósferas. Y las vivías. Sólo te copio, donde quiera que estés, lo que me escribió Roberto Bolaño antes de morir: "Ninguna inmortalidad literaria vale lo que la felicidad en la vida". Diviértete, maestro...
Pedro Ángel Palou
En Puebla, entonces, había dos escritores de primer nivel: el primero Meneses que representaba a esa cultura underground y por otra parte, Pedro Ángel Palou que era el escritor de la élite -no estoy acusando a Palou de malo, al contrario-. Ambos antípodas, se llegó a decir que eran enemigos, sus estilos distintos. Uno de escritorio el otro de banquita o de barra de cantina.
Una vez que falleció Meneses muchos de sus amigos acudieron a despedirse de él, pero en la edición del diario Cambio apareció una carta de Palou que creo que es el mejor homenaje que le han hecho.
Este blog está hecho de recortes, de ideas recortadas, de pegotes, de imágenes inconclusas y es por eso que me permito el plagio de la carta que escribió Palou, es conmovedora al punto de la lágrima, así que queridos lectores de este su blog ( a parte de mi ma' linda) ahí les va:
Querido Alejandro:
Tal vez mis palabras no te sean gratas, incluso en un viaje esperado que todos posponemos. Pero la muerte nos iguala. A todos. Te lo dije alguna vez en persona y ahora lo repito en público: eras nuestro mejor narrador. Tenías diablo, duende —si fuera poeta—, demonio, vamos. Ningún libro de cuentos escrito en Puebla iguala a tus Días extraños. Lo sabías. Quizá por eso... Pero no nos vamos a poner nostálgicos. Tú que odiabas la autocomplacencia. No pudimos comprendernos, en persona. Algo en mi ser te repelía. Y lo supe siempre. ¿Recuerdas aquella increpación en la Casa de Cultura? Yo te oí, desde mi admiración. ¿Supimos quererte? Puebla no quiere a sus escritores. Eso es claro. No los lee, de hecho. Yo tampoco te busqué, hubiese sido en vano. Lo mío te parecía vano, efímero. Y quizá tengas razón. No lo sé, tampoco. Alguna vez me dijiste efectista. Tú, que creabas atmósferas. Y las vivías. Sólo te copio, donde quiera que estés, lo que me escribió Roberto Bolaño antes de morir: "Ninguna inmortalidad literaria vale lo que la felicidad en la vida". Diviértete, maestro...
Pedro Ángel Palou
domingo, julio 10, 2005
Mierda
Este asunto es simple: uno se va a la mierda y ya.
Uno traga mierda y ya
uno se llena de mierda y ya
Y en ella se hunde
Ah, y ya
Uno traga mierda y ya
uno se llena de mierda y ya
Y en ella se hunde
Ah, y ya
miércoles, junio 22, 2005
Juan Gabriel en el bote
Aclaración: No es homofobia, me cai que no, pero qué pinche gusto.
Es como si de pronto a los de rebelde los ponen frente a un paredón y los acribillan.
Y a los Yonics los destripan.
Y a los de Bronco les abren la panza.
Ya José José lo sancochan en aceite hirviendo.
Y si a los de La Academia les vuelan los testículos de un plomazo.
Sí, lo reconozco soy un intolerante.
Que me lleven a la hoguera.
Que me pateen los huevos
Que hagan de mi lo que quieran
Pero qué pinche gusto.
PD. Me cai de madres que sí.
Es como si de pronto a los de rebelde los ponen frente a un paredón y los acribillan.
Y a los Yonics los destripan.
Y a los de Bronco les abren la panza.
Ya José José lo sancochan en aceite hirviendo.
Y si a los de La Academia les vuelan los testículos de un plomazo.
Sí, lo reconozco soy un intolerante.
Que me lleven a la hoguera.
Que me pateen los huevos
Que hagan de mi lo que quieran
Pero qué pinche gusto.
PD. Me cai de madres que sí.
lunes, junio 20, 2005
Memorias del subdesarrollo
Memorias del subdesarrollo
Apagas el televisor. Apagas el DVD. Te recuestas por un momento sobre tu cama dura. Te rascas los testículos una vez más y hueles tus dedos.
Te levantas.
Tomas una toalla.
Pasas al baño.
Dejas que el ruido del agua se escuche encima de tu cuerpo desnudo y gordo.
Tomás Gutiérrez Alea tiene la virtud de fotografiar y congelar escenas, imágenes que dicen todo.
El silencio que come te lo llena con la música que te termina de pulverizar.
Al terminar de ver Memorias del subdesarrollo te ves reflejado en Sergio, su protagonista, aquel hombre de 38 años divorciado de una mujer loca que hace berrinches por todo.
Más tarde sales a la calle y te encuentras como si fueras Sergio, aquel pequeño burgués que todos llevamos dentro, en un mundo raro.
Caminas, escuchas los ruidos que opacan el sonido de tus pensamientos.
Te olvidas de Madrazo, del Peje, de Marín y de Doger.
Caminas como Sergio en una de las calles de Cuba.
El sonido de los cláxones tapa todos los demás ruidos.
Te falta la música de fondo.
Caminas solo como si no existieras, como si no fueras de este mundo.
Te importa un carajo el desafuero, te importa un carajo el Patria o Muerte, venceremos.
Estás como Sergio, un ente casi inexistente que camina en una película a blanco y negro.
Retomando esas fotografías esas imágenes.
En tu propio subdesarrollo.
No cabe duda Gutiérrez Alea te invita a su propio mundo. Te contagia o te recuerda tus propias penas: que honestamente te vale madres todo.
Texto fusilado del internet:
Que las contradicciones del burgués pueden reflejar como en un espejo las de la sociedad donde la burguesía ha llevado la voz cantante, lo demuestra esta obra maestra del razonamiento y la ironía. Una historia personal que hubiera sido intrascendente de no ocurrir en los vertiginosos días de la revolución, cuando todas las contradicciones se pusieron al rojo vivo. La película entrega un monólogo interior con mirada a la calle, como es la novela homónima de Edmundo Desnoes
Apagas el televisor. Apagas el DVD. Te recuestas por un momento sobre tu cama dura. Te rascas los testículos una vez más y hueles tus dedos.
Te levantas.
Tomas una toalla.
Pasas al baño.
Dejas que el ruido del agua se escuche encima de tu cuerpo desnudo y gordo.
Tomás Gutiérrez Alea tiene la virtud de fotografiar y congelar escenas, imágenes que dicen todo.
El silencio que come te lo llena con la música que te termina de pulverizar.
Al terminar de ver Memorias del subdesarrollo te ves reflejado en Sergio, su protagonista, aquel hombre de 38 años divorciado de una mujer loca que hace berrinches por todo.
Más tarde sales a la calle y te encuentras como si fueras Sergio, aquel pequeño burgués que todos llevamos dentro, en un mundo raro.
Caminas, escuchas los ruidos que opacan el sonido de tus pensamientos.
Te olvidas de Madrazo, del Peje, de Marín y de Doger.
Caminas como Sergio en una de las calles de Cuba.
El sonido de los cláxones tapa todos los demás ruidos.
Te falta la música de fondo.
Caminas solo como si no existieras, como si no fueras de este mundo.
Te importa un carajo el desafuero, te importa un carajo el Patria o Muerte, venceremos.
Estás como Sergio, un ente casi inexistente que camina en una película a blanco y negro.
Retomando esas fotografías esas imágenes.
En tu propio subdesarrollo.
No cabe duda Gutiérrez Alea te invita a su propio mundo. Te contagia o te recuerda tus propias penas: que honestamente te vale madres todo.
Texto fusilado del internet:
Que las contradicciones del burgués pueden reflejar como en un espejo las de la sociedad donde la burguesía ha llevado la voz cantante, lo demuestra esta obra maestra del razonamiento y la ironía. Una historia personal que hubiera sido intrascendente de no ocurrir en los vertiginosos días de la revolución, cuando todas las contradicciones se pusieron al rojo vivo. La película entrega un monólogo interior con mirada a la calle, como es la novela homónima de Edmundo Desnoes
miércoles, junio 01, 2005
silencio
Esta chingadera me tiene vetado, desde hace más de dos meses no puedo subir ningún post. Nomás por sus purititos huevos
miércoles, marzo 09, 2005
Los outsiders
A partir del próximo sábado Los outsiders aparecerá publicado en el periódico Cambio.
Sexo, política y agruras.
Sólo cinco pesos.
Pregúntele a su boxeador
Sexo, política y agruras.
Sólo cinco pesos.
Pregúntele a su boxeador
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