lunes, enero 31, 2005

Pinche cursi

Debo reconocerlo soy un cursi.
El espacio en blanco que sigue a continuación servirá para ponerle toda la melcocha que existe en este pinche estado.








Soy un cursi sin lugar a dudas y lo cursi es sinónimo de aquello que no existe, que nunca se logrará

viernes, enero 28, 2005

¡Vete al espejo!, ¡chamaco cabrón!

Las pocas veces que mi papá, un tal Alberto, era razonable fue cuando me decía "vete al espejo". La orden era imperativa por lo que no podía negarme.
Me paraba frente a un espejo que colgaba en la sala de la casa ubicada en la 5 Norte 2006. Me ponía a verme y no entendía ni un carajo.
Mi padre me observaba desde una silla y yo nervioso, tenía miedo de que me fuera a pegar, no dejaba de verme.
Pasados cinco minutos él me decía: "a ver, ahora pregúntate: ¿te estás haciendo pendejo?".
Yo al verme me dije en voz alta: "¿me estoy haciendo pendejo?".
Inmediatamente comprendí lo que quería decirme mi padre.
Sí, me estaba haciendo pendejo.
Creo que desde hace diez años para acá estoy viviendo lo mismo.
Lo que los mortales llaman vida sentimental, que me parece de asco la palabrita, es para mi como volverme a ver en el espejo durante cinco minutos.
Creo que me encuentro en esta situación en la que no avanzo, no me hallo, no me encuentro.
Me han acusado de cobarde, ojete, caliente, horny, mala persona, miedoso, celoso, mala madre, pervertido, sodomizador, naco, sin estilo, putañero, obsesivo, culero e hijo de mi chingada madre, útil, prepoitente, puberto de 14 años a mis 30.
Después de todo creo que sí.
Tienen razón.
Creo que sigo sin encontrarme.
En mi casa sobro: no me hallo y no me hallan.
En mi trabajo intento ser bueno, pero soy tan ojete y culero como la bola de periodistas a mi alrededor.
Soy un diletante, un ignorante.
A la pequeña Araceli colaboré para partirle la madre. A la buena Exi, también, a Blanca la abandoné, a Elizabet la usé.
Ahora en las condiciones en las que me encuentro creo que sigo siendo aquel muchacho miedoso, aquel que se hundía cada vez que llegaba su padre a la hora del trabajo con miedo a que se desquitara de él.
Me estoy haciendo pendejo.
Me estoy haciendo pendejo.
Me estoy haciendo pendejo.
Me estoy haciendo pendejo.
Y así intento sobrevivir a este espectro de mentiras y usos.
Espero, pues, como diría Sabines que el día de mi muerte sea respetado.



martes, enero 11, 2005

caroline says 2

Caroline Says 2
Caroline says - as she gets up off the floorWhy is it that you beat me - it isn't any funCaroline says - as she makes up her eyesYou ought to learn more about yourself - think more than just IBut she's not afraid to dieAll her friends call her 'Alaska'When she takes speed, they laugh and ask herWhat is in her mind, what is in her mindCaroline says - as she gets up from the floorYou can hit me all you want to, but I don't love you anymoreCaroline says - while biting her lipLife is meant to be more than this - and this is a bum tripBut she's not afraid to dieAll her friends call her 'Alaska'When she takes speed, they laugh and ask herWhat is in her mind, what is in her mindShe put her fist through the window paneIt was such a funny feeling

It's so cold in Alaska X3

martes, enero 04, 2005

Última misiva: Carta de un fanático de Watters a ya saben quién

Últimas líneas.
No tenía nada de que escribir.
Resulta que la flor de calabaza ya estaba de vuelta cuando empecé a redactar algunas líneas al respecto.
Empecé con textos mamertos y cursis, ya saben cómo es esto de los abarrotes. Pero a la larga me doy cuenta que hay más que escribir, pues mi nostalgia fue sellada.


lunes, enero 03, 2005

Nefastófeles come back

¡Aguas, que ahí viene el mudo!

viernes, diciembre 31, 2004

El correo del zar (sólo para iniciados)

Estoy en un ciber piojito.
Huele a mugre, pica.
Es como estar en casa.
No hay más noticias.
Feliz navidad, la guerra ha terminado.

jueves, diciembre 30, 2004

Apuntes sobre un viejo cabrón (versión corregida)

José Luis Ibarra Mazari era un viejo cabrón.
Cabrón en el estricto sentido de la palabra: agudo, inteligente, sarcástico, criticón, tierno y buen amigo.
Cabrón, pues.
Falleció el miércoles por la noche, víctima de un problema en el corazón. No soportó una operación que le practicaron en el IMSS San José.
El jueves por la mañana, en Radio Oro, escuché a Luis Ochoa decir que el pasado 24 de diciembre le marcó por teléfono y le preguntó cómo estaba. La sorpresa: por primera vez decía que estaba mal, que estaba en el hospital. "Pero no creas que estoy mal por algo de salud. Estoy mal porque me contrataron de Niño Dios como en diez nacimientos y no me dará tiempo de estar en tantos pesebres."
Así se las gastaba el viejo cabrón.
Era un burlón de sí mismo. No le daba pena decir que él era tuerto: "No me pueden decir que soy discapacitado visual. Soy tuerto. No tengo un ojo. No se les dice discapacitados del cerebro ¿o sí?. Se les dice retrasados. Los ciegos son ciegos y los cojos pues..."
A Ibarra lo escuché por primera vez en 1988, yo tendría como 14 años. Comenzó a conducir junto con Fernando Canales y Marco Arturo Mendoza el programa aquel de A Toda Máquina, cuando a Fernando Crisanto lo había censurado el gobierno de Mariano Piña Olaya y había abandonado dicha transmisión.
Ibarra era un tipo genial y el trío aquel era estupendo.
Posteriormente lo escuché con Eduardo Merlo y Horacio Reyba (su sobrino) en un programa que se transmitía en AM, que se llamaba la Gaceta. Eso habrá sido por ahí de 1992 ó1993.
Dice Merlo que cuando echaron a andar ese programa, Enrique Montero Ponce les dijo: "No, no se preocupen. Dos o tres monos los escucharán".
El problema es que éramos como más de tres mil monos que escuchábamos ese programa que se transmitía en la XEZT, 12.50 de Amplitud Modulada.
Y al pobre de Montero lo monitoreaban los monitos de la sala de prensa del Gobierno del estado.
Montero, siendo honestos, qué güeva.
Yo conocí a Ibarra por ahí de 1995, en la cabina de Sí FM.
Llegó como a eso de las nueve de la mañana. Terminaba el programa de Canales.
Canales al verlo le dijo: "Masiosare"(Léase Mazari).
—Quiobo flaco —respondió el viejo, quien prendía uno de sus tradicionales Marlboro rojos.
Se puso a platicar con Minerva Gutiérrez, operadora de la 98.7.
El viejo cabrón hablaba normal, como si estuviera en un programa de radio. Sin ánimo de caer bien, sin presunciones.
Al escuchar su voz, que es inconfundible, volteé a verlo.
El viejo actuó como si nada.
Le pedí un cigarro (maldita costumbre la mía de fumar a las costillas).
Me lo regaló.
Me quedé callado.
Esa costumbre de encontrarse con tus superhéroes radiofónicos.
El viejo cabrón era como Luis Manuel Pelayo a la hora de interpretar a Kalimán. Era un secreto la voz de Kalimán. Siempre te imaginaste a Kalimán del otro lado de las hondas hertzianas, con su capa, con su traje blanco.
Y es que al ver a Ibarra Masiosare (Canales, dixit) te encuentras a un señor ya canoso, con una mirada (digo una porque nada más le servía un ojo) profunda y con una sonrisa similar a la de un chamaco desmadroso.
Tú escuchabas a Ibarra y te imaginabas a Kalimán, pero no era así, Ibarra en la radio era un Kalimán radiofónico, pero nada que ver con la figura aquella de la "Serenidad y paciencia mi querido Solín".
En 1996, meses después de que Canales emigrara a Radio Oro y se conformara aquella aventura noticiosa llamada En Confianza, Ibarra Mazari llegó a la estación.
Antonio Grajales (Amponio Granujales, como lo llamaría el viejo cabrón) lo contrataría por enésima ocasión.
Ocurrencia o golpe de suerte.
Grajales se le ocurrió decir, muy a su estilo: "Ay, mano, Fernandito (Canales), mano. A ver si van tus reporteros (yo entre ellos) a tomar unas clasesitas, mano, porque son medio pendejos para hablar, mano".
Habrá sido por ahí de septiembre del 96, un sábado a las diez de la mañana cuando por primera vez apareció Ibarra Mazari.
Alma, la secretaria de Canales, le sirvió un café horrible que había ahí.
Llevaba bajo el brazo el libro de "El Águila y La Serpiente" de Martín Luis Guzmán.
Y comenzamos a leer el capítulo aquel de la fiesta de las balas.
"Lean en voz alta, chamacos. Aunque vayan a cagar, lean siempre en voz alta".
A Ibarra se le veía entonces con sus lentes, un suéter, algún libro y el periódico La Jornada, al cual le era muy leal. El café ese horrible que preparaban en Oro, también lo acompañaban todos los sábados.
Sus clases de locución, si se les puede llamar así, eran divertidísimas.
Todo el tiempo leyendo o, en su caso, escuchando las anécdotas de el viejo cabrón, acompañado de los cafés de Almita, sus Marlboro rojos y Mauricio, su asistente, un tipo, por cierto, muy simpático.
Ibarra te platicaba que cuando cumplió un año sin beber alcohol, pues fue alcohólico nuestro Kalimán, descubrió en el calendario que ese día se celebraba el día de San Expedito.
Habrán sido ocho o diez meses que escuchamos reír y platicar a Ibarra Mazari. Sus clases eran dos horas de su programa “Ojo al parche”.
Pepe Azpiazu, uno de los mejores locutores de la XECD, dijo en Radio Oro el jueves pasado: “Ibarra llegaba puntual a la radio. Revisaba los periódicos, llevaba algunos recortes y apuntes. Todo eso lo hacía a veces treinta minutos antes de entrar a sus programas. Para Ibarra no había excusas sus programas eran lo más importante.”
A Ibarra no le gustaba que le alabaran su voz: “Mi voz es un don que Dios o un ser supremo o el creador me dio. Pero eso no depende de mi. Yo no engolo la voz, simplemente trato de leer y hablar correctamente”.
Las clases de Ibarra se acabaron por1997. Posteriormente me lo encontraba en La Vaca Negra o en Los Amorosos de la Juárez, o en cualquier café del centro.
Ahí platicábamos largo y tendido.
Yo quedé de regalarle un libro de Enrique Serna: El Seductor de la Patria.
Y ahora que lo recuerdo, siempre me reclamó porque nunca le hablé a su celular y nunca le regalé el libro, ni modo, me comporté como todo un poblano.
No obstante, con Ibarra se platicaba de todo: de música, de historia, de mujeres, de radio, of course de radio.
La última vez que lo vi fue el uno de noviembre, Ibarra tomaba café con Jesús Manuel Hernández. En un Itallian Coffe, que está sobre la 2 Sur atrás de La Catedral.
Lo saludé.
Reímos un poco, como siempre. El viejo cabrón me hizo reír, como siempre.
Nos despedimos con un fuerte abrazo
Muchos diremos que lo conocimos. Muchos presumiremos de sus largas charlas y de que lo escuchamos en no sé cuántas estaciones de radio. Algunos más practicarán aquello que alguna vez escribió Chava Flores: “Cuando vive el infeliz ya que se muera, hoy que ya está en el veliz que bueno era”. No obstante, sus amigos, dijo acertadamente Ricardo Menéndez Escobedo, éramos todos sus radioescuchas. Éramos sus más fieles seguidores.
Muchos asistieron a darle un adiós.
Otros preferimos dedicarle unas líneas a la voz oficial de los comerciales de Casa Rodoreda.
Hasta siempre, don José Luis.
Sus últimas palabras fueron: "Ya mis burros van muy lejos. Voy y vengo."
Voy y vengo.
Hasta siempre.

miércoles, diciembre 29, 2004

Falto de lunas

Así me llamó el buen Luis Ricardo, el rey del blog poblano, un cabrón a toda madre que tiene su blog, por su puesto.
Bien llamado, el falto de lunas.
Sí, sí.
Nomás no hay satélites en mi órbita, ni hablar.

Carta de un fanático de Waters a una fanática de Violetta

Bitácora selenita del 29 de diciembre

Son las siete y veinticuatro minutos de la noche. A cabo de ver una película que me regaló mi amiga Azzull Mendoza, hoy por la mañana. La película se llama El Violinista, es una producción china. Por su puesto, le regalé el libro de Los Detectives salvajes de Roberto Bolaño.
Azzul se espantó al entrar a mi cuarto por algunas películas que me había prestado y al ver la cantidad de discos y dvd's regados en mis libreros.
Parecía mi mamá regañándome.
"Es mi búnker", le dije.
Ella me sugirió que ordenara mis discos y mis películas por orden alfabético. Ello luego de que no encontraba mi colección de La Crema, ahí donde tocaban Baker, Bruce y Clapton.
Nos fuimos a tomar un café y vi lo ordenada que era: tenía el boleto del vallet parking debajo de un monedero, su café: un moka con no sé qué madres, pero todo perfectamente bien ordenado.
Y me acordé cuando yo era un escuintle de la secundaria y todo el puto tiempo se la pasaban regañándome "por que parecen chilaquiles tus libretas".
Recuerdo cuando en primero de prepa incendié unas palapas de la escuela y en segundo de prepa quemé toda la instalación eléctrica. No es que me sienta orgulloso de haberlo hecho. La verdad es que a casi 14 años después de dicho incidente, pues ya hasta hueva me da.
Pero me acordé de esos viejos años.
De esas lamentaciones.
De la lucha por tratar de enderezarme, de llenarme de mierda.
Del "por qué no eres como tu hermano".
"Por qué carajos no te portas".
Carajo, carajo, mi cuarto es un puto desmadre
Pero es mi búnker.
Apesta a cigarro y a mis calzones de un día anterior.
He visto peores recámaras y sólo las critico por jodón, porque si vieran la mía me acusarían de tener una doble moral.
Como la de la flor de calabaza, que, honestamente goza de cabal salud, la recámara, no ella.

El muro de las lamentaciones
Son las siete y treinta minutos de la noche.
Continúo esperando.
Ojalá y pronto te conectes.

martes, diciembre 28, 2004

En busca de la Flor de Calabaza 2

Ni en la mejor quezadillería expenden esa flor de calabaza amarilla, sucia pero light.
Ni en el zócalo, ni con los arreglos de Luis Paredes.
La flor de calabaza es ahora un ente etéreo, no más que me acusa de abandonarla por unos puros cohiba.
La flor de calabaza, esa flor de calabaza, no se da en Puebla.
Carajo, voy por una quezadilla y vuelvo.

Carta de un fanático de Waters a una fanàtica de su tierra (santa, por supuesto)

Bitácora selenita del 28 de diciembre.

Resulta que tú estás frente a mi y que yo frente a tí y que recuerdo el viejo y trillado texto de Cortazar.
Sí, el que usan todos aquellos que no leyeron el libro completo.
Rayuela en eso es cómplice.
Cortazar no lo escribió para que se lo plagien, pero como somos una bola de valemadristas, pos no falta el gandalla, ¿verdad?
Sé que muchos de mis queridos drugos me censurarán pero entiéndan que ella està cerca del pacífico y yo estoy aún en Puebla.
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

Carta de un fanático de Waters a una fanática de si misma

Bitácora selenita del 28 de diciembre

Hoy no hice ni madres
No tengo más que contar
Por cierto, no, no estoy casado.
Y sí, sí soy mala persona.
Soy malito, malito.



lunes, diciembre 27, 2004

Carta de un fanático de Waters a una fanática de Iggy Pop

I'm the passenger

Son las siete treinta de la noche. Dos policías están sentados atrás de mi y un pendejo con aires de metrosexual juega en una de las computadoras de este ciber que se encuentra en el Paseo Bravo.
Ya, ya, ya.
Ya estoy aburrido.
Ya necesito el olor a la tinta y las mentadas de madre correspondientes a la redacción de un periódico.
¿Sabes, mi querida Flor de Calabaza, cómo es de lento el tiempo en Puebla a raíz de tu abandono?
¿Sabes acaso cómo son las horas cero aquí sin tu gritos y tus escalofríos?
¿Sabes que no saben igual las horas cero en Puebla y los gritos de los pájaros a las seis de la mañana?
¿Sabes que me hace falta la interrupción mesengerziana a la hora de estar, como dicen los sabios, chatiando (del verbo ser chato)?
El reporte lunar del 25 y 26 de diciembre es el siguiente: "Luna llena blanca y brillante. Sus rayos me despiertan porque no he corrido la cortina de mi recámara." Por su puesto lo hago adrede para verla.

Extrañamientos
Dícese de los actos de los políticos cuando se extrañan de las chingaderas ajenas.
En otro orden sería todo aquello que anda estriñido (se oye extriñido, yo que culpa) y por lo tanto suena extraño.
Y en una tercera acepción son aquellas cosas que suceden y no generan extrañeza, al contrario generan una sensación de extrañar. De recordar.
Elementos que han generado esta tercera acepción:
-Hora cero.
-Luna llena.
-Película de Woody Allen: Manhattan, escena Woody y Diane Keaton platicando hasta tarde en una banca del parque.
-Chevis color rojo tirándole a guinda. El sol es implacable con la Chévrolet.
-Un texto del libro Diablo Guardián.
-Un disco de los tropicalistas, la canción Objeto no identificado que canta Gal Costa.
-Y un titipuchal de chingaderas.
-Por su puesto una quezadilla de flor de calabaza, chicharrón y salsa verde de la Tres Sur y Cinco Poniente.
-Un disco de Iggy Pop. Obviamente con la canción The Passenger
Si aplicamos las otras dos acepciones a lo anteriormente escrito encontraremos más formas de extrañar, veamos:
Estoy seguro que al leer este texto, la mirada de la fanática de Iggy Pop se irá hacía arriba. Mírese con tronido de boca o con carita de "si, pendejo". En este caso se estará logrando el extrañamiento que mandan los diputados a manera de amonestación.
Si hablamos de extrañamiento como extriñimiento, bueno, no es necesario entrar a detalles pero creo que sentimentalmente el ser humano es un extriñido, yo soy un extriñido en mis pensamientos y mis emociones: los suelto de a poquitos y tengo que pujar para que salgan.
Y si nos ponemos en el lugar de la iterfeita flor de calabaza, pues, pues...
En fin, creo que este texto cierra la pinza por si sola.

En tanto
Esta es la situación que aqueja a este que escribe o al abajo firmante.
Me está dando delirium tremens.
Necesito mi droga.
Necesito aspirarte un poco.
Ya me dio el tercer bajón por la falta de mi efedrina favorita.
Necesito volver a verte y a aspirarte.
Necesito que regreses del mar.
A tí no te vende cualquier drug dealer, mugriento y piojoso.
A tí no te encuentro en una Farmacia del ahorro y ni en una Guadalajara.
Necesito una inyección de tus tropiezos con la nada, necesito un berrinche y una mirada chantajista.
Es que estoy tan perfectamente normal que necesito contraerte. Estoy tan perfectamente lúcido que disfrute la navidad y me compré ropa de marca.
Estoy tan perfectamente normal que me gusta ver los comerciales de Santa Claus (léase Clos, es más mexicano).
Efectivamente las mujeres como tú sólo se contraen como virus.
Necesito una garrapata en la sangre que me termine de succionar la poca sangre limpia que me queda.





viernes, diciembre 24, 2004

En busca de la flor de calabaza

Día 1.
No, hoy no vi a la flor de calabaza

En internet encontré sólo un texto distinto a las recetas de cocina.
En la página Webalia.com:
"Hermosa flor de calabaza (31/03/2004)
"Además de ser una hermosa flor, es muy nutritiva, recuerdo que de niño en mi rancho mi madre con esta flor nos hacia unas delicias de comida, felicito a las personas que tienen la manera de hacernos recordar aquellos felices momentos de nuestra infancia, a mi me gusto y me gusta la flor de calabaza felicidades y adelante (sic)".

Carta de un fanático de Waters a una fanática de Yaguarú y Bronco 2

Bitácora Selenita del 24 de diciembre

Estoy en un café internet antorchista. Dos niños (de Antorcha Campesina, supongo) que están atrás de mi se jalan los mocos de la nariz. Una pareja, al parecer, los padres de los chamacos mocosos, ven páginas de internet en busca de quién sabe qué chingaos.
Hay una grabadora a todo volumen que toca música de la mal llamada tropical: "Cuando me miras así...".
Me acabo de enterar del reencuentro de "La Gorda".
Hace unos minutos caminé por el Paseo Bravo, vi a un hombre con un pajaro de la buena suerte.
La escena era caótica porque nadie le hacía caso. El viejo todo arrugado estaba triste. Su animalito comía alpiste.
El señor en espera de su noche buena se rascaba un sobaco.
La escena, insisto, caótica: a unos metros de él, vi a una gorda con botas y falda de mezclilla, se le veían los calzones blancos. Encima de ella un hombrecito, casi un niño le besaba los labios. Ambos jugaban con sus lenguas.
El vendedor de suertes e ilusiones no hacía nada. La pareja sólo se calentaba. Ella con las piernas abiertas mostrando sus calzoncitos blancos y él, el hombrecito, emocionado con aquel viejo juego de las lenguas.
Los niños atrás de mi, se sonríen cuando los veo y me muestran sus mocos como si fuese un trofeo.
Ahora la música de la grabadora cambió: se escucha la opera Carmen de Bizet.
El último reporte del cielo es que anoche tuvimos Luna llena.
La Luna era cubierta por una pequeña tela de nubes.
Parecía que tenía un velo de novia.
Los Selenitas que caminamos en la medianoche por el Paseo Bravo la observamos un rato, mientras un grupo de gays se acercaban a ofrecer sus servicios.
Lo de siempre: pintados hasta la madre, enseñando sus falsas tetas. Mientras la Luna estaba ahí controlándonos a todos hasta a las flores artificiales que buscaban clientes.
Tengo sueño.
Aún no he dormido bien.
La influencia lunar sigue pesando en mi.
Juan Gabriel ahora canta en la radio algo así como: No tengo dinero, ni nada que dar.

PD. Por ser mañana 25 de diciembre y yo un pinche jodido que no tiene computadora en su casa. Las cartas del fanático de Waters se suspenden. Difícilmente abrá un café internet abierto. Ni siquiera el de los antorchistas.
Aún así saludos seleníticos y selenitas.

jueves, diciembre 23, 2004

Carta de un fanático de Waters a una fanática de Yaguarú 1

Bitácora selenita del 23 de diciembre.

A eso de las 12:37 de la mañana no ha ocurrido nada. La Luna, por cierto, se mostró anoche. A eso de la 1:30 horas afuera del Vips de la Juárez comenzó a hacer lo único que sabe hacer: controlar.
La mañana programa de radio.
Nada vamos.
En la televisión puros refritos.
En las páginas de internet los guardaditos propios de la época navideña.
Parece una película de Giusepe Tornatore: Todo está muy bien.
Hasta el medio día de hoy, no han matado a nadie. O quizá todos estemos muertos.
Aún no conozco a Pig.
Tengo la comida del trabajo en un lugar llamado Las Palapas.
Quiero dormir.
Tengo mil y un noches que no he descansado porque una influencia lunar me lo ha impedido.
Quiero descansar.
Tendré que sonreír en esa comida del trabajo.
Salud y saludos mi selenítica influencia.

lunes, diciembre 13, 2004

Por qué de la pinche arritmia

Confieso que el texto de la Arritmia fue porque yo nunca he podido concatenar, ni escribir nada que tenga que ver con poesía. Además me cuesta trabajo congeniar con los llamados intelectuales poblanos, aunque a algunos, debo reconocerlo, los respeto.
Desde que estudiaba en la primaria -una cosa espantosa, con viejas espantosas que daban clases espantosas- mis maestras se pitorreaban de este, su servidor, porque no podía escribir odas a la bandera. Eso me frustró. Al grado que me fusilaba rollines de los libros de texto para que no me la hicieran de a pedo.
Luego, en la secundaria en las clases de español, cuando leíamos sobre versos, métrica y ritmos, pues quedé frustrado, sobre todo porque en la educación oficial te enseñan que la neta del planeta es nada más y nada menos que Manuel Acuña y su Nocturno a Rosario y que decir de la poesía vernácula y todas esas pendejadas.
Total que me obligaron a vomitar un chingo de cosas.
Luego en la prepa, recuerdo, un maestro, quien ya chupó faros, nos puso un ejercicio, nos hizo escribir enunciados y luego de ahí recortarlos hasta que salieran frases dignas de un concurso de rondallas y/o estudiantinas.
Ya más grandecito me empecé a interesar en otros géneros que creo que me hicieron interesarme en la literatura.
No obstante, me topé con un sector de güeyes que se dicen intelectuales y que dicen adorar a la Luna y que se sienten Garcías Lorcas en pequeño.
Nada creíble, pues.
Por eso la arritmia.
Porque no puedo pertenecer a ningún grupo, ni de la institución cultural, ni de los escritores que están bajo las coladeras.
Mi posición es más difícil porque soy neutro, porque soy arrítmico, porque me cagan los grupitos de estudiantes que presumen de poetas, pero que escuchan a la Oreja de Van Gogh y porque me cagan los supuestos radicales que andan por ahí. O aquellos que en cada poesía relatan putas u otros en los que hablan de los felatios cómicos que practican los homosexuales de la seis.
Prefiero a los carniceros que aplanan bisteces.
Y a los mecánicos con sus pósteres de chicas encueradas.
Y a los lúmpenes malditos que ni siquiera saben escribir.
Señores, soy arrítmico, lo mío es la basura y aceptar que traigo mierda todos los días en la cabeza.
Señores, soy vulnerable y corrompible.
Señores soy arrítmico.
Arrítmico.
Soy un sujeto que piensa en su salario. En quién va a contender en las próximas elecciones. En su DVD, en su estéreo, en si alguna vez tendrá un automóvil último modelo.
Lo demás si es que existe se lo dejo a los intelectuales poblanos, a los que hablan de las lunas, y de las putas y de la soledad y todas esas madres.
Yo no.
No puedo.
Mi arritmia está basada en la pendejés que me acompaña.
En comer tacos árabes, en las cemitas de El Haz de Oros y de El Carmen.
De los tacos sudados.
De los de la 25 Poniente y de los del Pasaje del Ayuntamiento.
Lo mío es dormir y tragar.
Y engordar como cerdo.
Aplanar bisteces.
Sin ritmo y sin sentimiento.
Para el ritmo y el sentimiento están los otros, los que se dejan el cabello largo y sueñan algún día con alguna beca de la Secretaría de Cultura.
Sueñan con que en la maestría o doctorado los bequen para poder huevonear agusto y de lo lindo.
Los que son piojosos institucionales.
Yo no, yo soy un piojoso del mercado de la 18 Poniente, pues a dos calles nací.
Y creo que así desapareceré.
Arrítmico.




miércoles, diciembre 08, 2004

La sopa de la flor de calabaza

Pues bien mis queridos drugos he caído en la cuenta que para sobrevivir hay que comer. Comer, comer, comer.
Así que ahí les va la sopa de cilantro con flor de calabaza.
Aún no la preparo pero lo haré en los próximos días. Espero que haya buenos resultados.

Crema de Cilantro y Flor de Calabaza

Ingredientes:

3 tortillas de maíz cortadas en tiras delgadas
Aceite para freir
4 cucharadas de mantequilla
4 dientes de ajo, picado
1/2 cebolla, picada
2 cucharadas de harina de trigo
1 taza de cilantro, picado
12 ramos de flor de calabaza, picados
1 chile guajillo, desvenado y limpio
3/4 taza de caldo de pollo
1/4 taza de crema1
1/2 taza de queso panela rallado
Sal y pimienta al gusto (esto es importantísimo para el sazón)

Preparación:

Fría las tiras de tortillas hasta dorar y retire el exceso de grasa con papel absorbente.
Por separado, caliente la mantequilla, añada el ajo y cebolla hasta acitronar, agregue la harina y revuelva junto con el cilantro, la flor de calabaza y el chile guajillo.
Añada el caldo de pollo y deje hervir durante 10 minutos.
Licúe y cuele.
Regrese a la olla, añada la crema y sazone al gusto.
Sirva con las tiritas de tortilla y espolvoree el queso.


viernes, noviembre 12, 2004

Arritmia


Nunca he tenido ritmo.
Nunca he podido concatenar nada.
Mi sensibilidad es la de un carnicero.
Mis mujeres son raras: tienen narices deformes, los ojos pequeños, los vientres inflados, las patas chuecas, las nalgas feas, los pechos operados.
Nunca he tenido ritmo.
He sido amante de lo raro, de los himnos al PRI, de las porras al América.
Soy amante de las obleas.
Me gusta oler a los pordioseros en los mercados.
Soporto el perejil mugroso.
No puedo vestir de negro, necesito colores chillantes.
Me quiero ahogar en mi vómito.
Quiero ser la Mama Cass, muerto por mi propio pan con jamón y queso.
Nunca he tenido ritmo.
Me encanta la necrofilia porque mis amantes, todas, están muertas. Y les hago el amor como panteonero.
Recuerdo las composiciones a la bandera de la primaria, recuerdo que los llamados “mis compañeritos” sacaban diez por ser bien portados.
Recuerdo los dibujitos fálicos en los baños.
Recuerdo el olor a mierda y orines y los letreros graciosos y albureros.
Nunca he tenido ritmo.
Nunca.
No intento tener ritmo, me fascina lo hueco, lo inútil, lo superfluo.
Tengo la sensibilidad de un carnicero del mercado La Acocota.
Debería haberme llamado don Carlos y con un aplanador terminar de destruir a las reses. Hacerlas a mi imagen y mi semejanza para después sonreírles a las marchantas chancludas que se quitan el zoquete de entre los dedos frente a mi para tratar de excitarme.
Nunca he tenido ritmo.
No soy nadie para tenerlo.
Me encantan las tortas de tamal con rajas y que el hocico me apeste a memelas.
Debo morir ahogado en mi vómito, en mis heces que son desechos míos pero que me llevan a mi, llevan lo que cargo dentro.
Tengo las manos limpias, las uñas relucientes, los zapatos lustrosos pero soy arrítmico.
Quizá sea la falta de tiempo.
Me fascina el olor a sexo mezclado con agua bendita.
Me fascinaría hacer el amor con una de mis amantes en el atrio de alguna Iglesia. O masturbarme en el estrado de una congregación cristiana.
No tengo ritmo, ni sentimientos.
Soy un armatoste de huesos y carne y patas y uñas y pelos.
Soy un lugar común en medio de cosas comunes.
No sé escribir, no tengo ritmo.
Soy una bola de grasa llena de cerveza Victoria.
Platico de política, de mierda, de basura.
Estoy mentalmente muerto.
No existo.
No tengo sensibilidad, soy un carnicero que aplano bisteces.
Sólo aplano bisteces.
Mis ideas no tienen orden.
Me encanta la pestilencia del sexo con el agua de jamaica.
Los muertos no tenemos ritmo.
Sólo estamos aquí estirados, nos tienen que mover para, por lo menos, parecer zombies.
Estoy aquí.
Ahogándome en mi vómito.
Sin ritmo, sin sensibilidad, sin nada qué decir, sin nada porque nunca he existido.
Ni los dibujitos fálicos de los baños de mi escuela.
Ni mis amantes extrañas con sus vientres inflados, sus narices chuecas, sus piernas más largas y sus caderas desviadas.
Nada.
No hay ritmo.
Ni la mugre de entre los dedos de los pies de las marchantas que excitan a don Carlos. A mí.
Soy la imagen misma de la inexistencia.
De lo aburrido.

De lo arrítmico.

jueves, noviembre 04, 2004

El de la huelga de hambre salió a comer

Mi subconciente ha andado de vacaciones. Supuestamente se había tomado unos días, mientras el otro yo se ocupaba de su vida.
Ha estado en año sabático, aunque recientemente alguien está reviviendo esa madre que traigo en la cabeza.
Esperen noticias.
Pronto habrá noticias.
Mientras tanto el de la huelga de hambre salió a comer.

Nota bene* Esa frase es real. Hace como cinco años afuera de las oficinas de la SEP había un señor canoso que se encadenó a una silla y se declaró en huelga de hambre porque no le querían dar chamba de burócrata.
Desde las nueve de la mañana estaba ahí sin comer y encadenado a su silla.
Un día, a eso de las tres de la tarde se levantó de su asiento y dejó sus cadenas. Supongo que habrá ido al baño. Junto a su silla estaba colocado una consigna en contra de la Secretaría de Eduación Pública y venía su nombre y abajito decía "Por eso llevo ... (tantos) días en huelga de hambre".
A alguien, no se a quién, se le ocurrió escribirle junto a su consigna: "El de la de la huelga de hambre salió a comer".